No sé cómo se llama este árbol en el que llevo oculto cerca
de dos horas. Mi espalda se posa en su raíz y mi piel se alimenta del sol
filtrándose por cada una de sus ramas.
Ya leí, ya almorcé, estuve rodeado por 3 gatos negros en
busca de un bocado; dormí exactamente 45 minutos mientras el viento formaba
remolinos con cada una de las hojas sueltas.
Las aves cantan, los niños juegan, corren y gritan; el
sonido de los autos se filtra por la reja del costado, los amigos comparten,
las parejas pasan tomadas de la mano. Yo, me limito a observar.
Es claro que me siento solo en extremo. Al parecer aquellos
que dicen ser mis amigos se han olvidado de mí o quizá son ellos tan solo de
ese tipo de personas que no saludan sino que esperan a ser saludados.
Pensé que la soledad ya era un tema superado pero parece que
falta trabajar en eso mucho más o tal vez solo queda manejar la resignación.
Me cuesta mucho a veces no tomar consciencia de que el mundo
no gira a mi alrededor, sino que más bien soy yo quien gira a su alrededor.
En mis cinco meses habitando la eterna primavera he conocido
gente maravillosa, como también gente que no lo es, gente llena de hipocresía,
envidia, chisme y penumbra en el alma.
Mi alma, mi cuerpo y mi corazón han sabido escudarse en la
bicicleta, los libros, el lápiz, los árboles, las bolas de masa, los rollos de
canela, la salsa y la música clásica de las emisoras y en las ocurrencias de
los comediantes de la televisión, y más que un escudo son cosas que disfruto
hacer, cosas que le dan valor a gran parte de mi vida.
Me irrito con facilidad, es cierto. Soy orgulloso aun un
poco y algo cascarrabias también. El mundo no va bien y me entristece
sobremanera ver cómo la gente (quizá no la mayoría) deja de lado sus propios
sentimientos y su propia libertad para de cualquier forma y a cualquier costo
sentirse parte de una sociedad de lujos, consumo excesivo, avaricia, y rostros
fachada de felicidad.
Son muy pocos ya los niños que juegan a la golosa o a las
escondidas. Ya muchos solo quieren tener en sus manos un aparato electrónico y
como no, si lo más importante ahora para las masas es alimentar su ego a punta
de “likes” en las redes sociales.
¿Dónde habrán quedado las cartas románticas que llegaban por
debajo de la puerta? Los ramos de flores y las serenatas de cuerda al parecer
ahora transitan únicamente por las vías de la extinción.
Ahora la soledad me invade, ahora te extraño de una forma
vívida; en carne y hueso te extraño.
Ahora no me son suficientes algunos
minutos al teléfono en horas aleatorias o un mensaje de buenos días. Ahora los kilómetros
y la distancia me golpean muy fuerte y no me ayudan para nada a liberarme de la
insensata amargura, que sin explicación, sin permiso alguno llegó y sin tocar
la puerta de repente se ha incrustado en mi mente.
Ahora, nada ni nadie llaman más mi atención que la idea de
vivir contigo, allí a tu lado y ser consolado por tu abrazo; ahora no tengo más
palabras para ti que las letras aquí presentes, porque aunque tal vez para ti
no tengan mucha importancia estas notas, son cada una de ellas, herramienta
fundamental para expresar gran parte de lo que me sucede y que en bastantes
ocasiones sintiéndolo mucho, no puede ser expresado por mi voz.
Le.Le…