lunes, 21 de enero de 2019

EL ARTE DE EXTRAÑAR II


Hace un par de días se me partía el alma de una manera quizá incomprensible. Pero es que, a decir verdad, ver lágrimas rodar por las mejillas de mamá, me parte el alma y el corazón; y por más que parezco haber heredado el rostro inmutable de papá y ese frío en sus ojos para este tema de la muerte, terminé desgarrado tanto por dentro, como por fuera.  

Algunos creemos estar preparados para el inesperado momento relacionado con la perdida de un ser amado, pero la verdad es que nunca se termina por estarlo. Ella siempre tan fría y sigilosa termina por llegar de improvisto y así nos arrebata a uno de los nuestros, sin previo aviso, sin carta de invitación al más allá, al cielo, o al quinto pailón; todo dependiendo de la fe de los directos implicados.

Recuerdo, cuando con tan solo 14 años, la dichosa muerte se llevaba de mi lado a mi hermano mayor; mi maestro de baile, el súper deportista, el galán, el de la sonrisa eterna. Teníamos tantos planes juntos, pero nadie llegó a imaginar que con tan solo 20 años resultaría en un sueño eterno en la soledad de un cajón de madera. Desde aquel preciso momento mi concepción de la vida empezó a cambiar drásticamente, empecé de cierta forma a demostrar sentimientos de sin darle tanto rodeo a las cosas, decir las cosas tal cual, a arriesgarme un poco más, a evitar procrastinar y a aprovechar cada oportunidad que se me ponía en frente por más chica que fuera.

Fueron pasando los años. Amores llegaron, amores se marcharon; el corazón se quebró, pero sus heridas nuevamente sanaron. En cada etapa de la vida que se cruzó en el camino he contado por fortuna con un ángel que me ha acompañado a recorrer el camino y desde entonces han sido más los buenos que los malos momentos. Y aunque la vaina no siempre resulta se fácil, siempre termina uno por hacer y dar lo mejor y salirse con la suya.

Y es que dicen por ahí; que para ser feliz hay que sufrir. Verdad o no, algo tiene de cierto desde la experiencia personal. Porque es que para que algo resulte no solo basta con desearlo; para que algo se haga real hay que meterle ganas, hacer de tripas corazón y sudar hasta la gota fría. Lo que nadie nos advirtió, fue el hecho de tener que alejarse o sentirse confinado al olvido o al destierro. Vamos por ahí en busca de realizarnos, de cumplir sueños y metas; te enamoras o te enamoran, pero de repente esa mano que estuvo ahí para apoyarte en ciertos pasos del camino, desaparece y la única mano que termina por sostenerte es la de la soledad, la del coraje o quizá la de la valentía.

Y es que dejémonos de vainas, pero por más que digamos ser fuertes y nos levantemos de una u otra, los seres humanos no estamos diseñados en nuestra totalidad para vivir en soledad. Somos seres colmados de sentimientos, atracción e instinto. Sentimos vacío cuando se van y claro que empezamos a extrañar, tal vez unos más que otros, pero ese huequito en el pecho nos devora y en la soledad de la noche en la habitación oscura, a algunos nos termina por agobiar.

Ahora bien, fuertes o no. Sensibles o con corazón de piedra, que no quede duda de que el los sentimientos se hicieron para ser demostrados. No postergues, porque tal vez mañana podrías arrepentirte. Decíle a los viejos cuanto los amas, no le guardes rencor a tus hermanos, si te gusta alguien, dile, no te quedes con la duda, que lo peor que te puede pasar es recibir un “no” como respuesta, experimenta la religión del amor y como algún día escribió el famoso filosofo de la música regional mexicana, Atonio Agilar; “Hay que darle gusto al gusto, porque la vida pronto se acaba”. Extraña, hazte extrañar, pero no olvides a quienes sin condición están ahí para vos.

Leo RG



viernes, 18 de enero de 2019

VIDA ESTA PA´ EFÍMERA


Eran algo así como las dos de la madrugada, cuando de repente desperté. Todo alrededor obviamente oscuro y mi mirada se clavó de inmediato al techo. Como para variar no me la sacaba de la cabeza y de nuevo caí encantado, sin oponer resistencia ante su foto de perfil en aquella aplicación de mensajería, puesto que es lo único que en estos días me ha quedado para tener algo de ella.

Quise entonces de inmediato escribir algo, pero pues no tuve muchas ganas de incomodar a mamá, quien se encontraba en la habitación contigua, con la luz eternamente fastidiosa de mi teléfono celular. Así las cosas, tiro el aparato a un lado de la cama e intento conciliar el sueño, pero nada; coincido un par de minutos en un chat con otro peatón víctima del insomnio y después me dedico a dar vueltas en la cama hasta intentar lograr el objetivo titánico en el que a veces se convierte el intentar quedarse dormido.

Los ojos terminan por caer rendidos ante un sueño que terminaría siendo corto, cuando de repente el sinfónico concierto de millones de gotas de lluvia toma por escenario el tejado de mi casa. Majestuoso y desafiante, ofrece a los habitantes del lugar una obra de arte donde naturaleza e ingeniería convergen de manera placentera y elocuente.

De repente el ladrido del pequeño Nix apabulla la atmósfera, el reloj marca las 6:00AM, abro los ojos, me invaden las ganas inmediatas de tomar el celular y marcarle de una, sin mente como decimos algunos, pero como siempre ese anuncio en la cabeza y en el alma que me recuerda la inminente estupidez y majestuosa distracción que representa eso cada vez que lo hago, termina por detenerme de manera automática y triste. Esbozando al final la misma mueca flácida y melancólica en mis labios.

Tomo la decisión de volver a dormir un rato, puesto que el entrenamiento del día se llevaría a cabo en horas de la tarde. Lanzo la cobija encima de mi cabeza, cuando de repente un ladrido más fuerte e incesante recorre cada rincón de casa. Y después del aviso, la pésima y triste noticia.

Es increíble como se apaga la vida de una persona en tan solo un instante, en un abrir y cerrar de ojos. Un día lo ves como siempre, tan vigoroso e inquieto que a pesar del correr de los años no se detiene. Ese padre ejemplar de muchos, ese amante del campo y amigo de verdad. Todo un caballero que a pesar de uno que otro tropiezo siempre estuvo ahí para los suyos.

De manera que aunque se pone uno a pensar en la manera en la que se lleva la vida propia; en las estupideces que se han cometido a lo largo de 27 años, en la manera tan triste y estúpida, en la que perdiste al que quizá si fue el amor de tu vida, en las veces que gritaste a mamá sin justificación alguna, en aquellos días que odiaste y te rehusaste a perdonar, en los momentos en los que con envidia en tus ojos viste a los demás, en tanto y más que quizá aun da vueltas en tu cabeza a diario y sin anestesia.

Hoy, el pasado es completamente inmutable. Quizá el arrepentimiento pueda darle un respiro a tu alma, aunque este no cambie en nada las cosas. Marcha atrás no se puede dar, si te perdonan, ¡magnifico! Pero que te amen igual, quizá solo mamá y papá. De momento solo resta el intento inagotable de seguir adelante obrando de la manera más correcta posible, dando amor a cambio de rencor, sirviendo a los tuyos de manera incondicional, conservando lo más bello de los días anteriores, que, aunque parezca no pasar el tiempo, la vida se va agotando y se debe saber aprovechar.

Recordemos pues, que a parte de ser reciproca, es la vida, como un soplo del viento atravesando la mar, tan efímera.

Leo RG