viernes, 21 de junio de 2019

EL ARTE DE EXTRAÑAR III


Y es que la verdad esperé a que llegara el fin de semana para escribirle que le extraño, que le pienso bastante y que estoy que me bailo un merengue, una salsa y una bachata con ella en cualquier lugar del mundo.

Extrañar sigue convirtiéndose en todo un arte; arte en el que me he vuelto todo un experto y en el que he aprendido a ser una persona en cierta medida más fuerte, más racional y un poco menos vulnerable a mis sentimientos.

Hace un par de días, bajo el efecto de un par de cervezas estuve totalmente tentado a escribirle y a decirle que sí, que me hace una falta inmensa. Terminé, por el contrario, conteniéndome de una forma increíble. Ni yo mismo me creía esa manera tan prudente de actuar. Pensé entonces en eso que dicen de que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad. Pensé en si de verdad estaba borracho, pensé que sin importar si lo estaba o no, al día siguiente me levantaría con el mismo sentimiento entre pecho y espalda. Algo en verdad, real.  

¿Qué tan difícil podría volverle a ver, sentir parte de su ser cerca del mío, invitarle a un café, compartir con ella una arepa con queso y simplemente intentar volver a deslumbrarme con su bella mirada?  Creo en mis adentros de que eso sería una cosa de locos, una maravilla, algo que anhelo muy dentro de mí. Pero, ¿Qué se pasara por medio de esa cabeza cubierta por sus auténticos cabellos color oro? ¿Coincidiremos en algo en medio de toda esta incertidumbre, en medio de este alocado mundo? Una respuesta deseada rondando mi mente, una boca dulce al otro lado quizá temerosa a pronunciar palabra comprometedora.

Últimamente entre mis sueños me veo cruzando el continente, llegando a aquella ciudad donde ella vive y de repente allí en la acera al otro lado del edifico, yo sentado, aguardando su salida o quizá su llegada. Dicen que los sueños son interpretación de anhelos, miedos, de eso que deseas con muchas ganas. En esta ocasión tal parece ser la mezcla exacta de cada uno de estos en proporciones iguales enfocadas en un solo punto, ella.

Esperaría a que no me odiara por cada palabra que ha leído a lo largo de este texto. Pero las cosas como son, y pues cada acción conlleva a una reacción, pero también está el hecho de que el mundo gira de forma vertiginosa, los tiempos se agotan y no puedes esperar a que una luz se te ilumine en medio de los ojos para decir y/o hacer aquello que consideramos correcto. De vez en cuanto hay que lanzarse al ruedo, no procrastinar ni siquiera con lo que se lleva en el costal de los sentimientos. Si se tiene que perder, pues que se pierda, pero que el mañana no se convierta en un día para arrepentirse por aquello que rondo nuestra cabeza y que nunca salió de allí.

Leo RG 




martes, 18 de junio de 2019

ANHELO DE LUNA LLENA


Anoche divisaba la luna y fue como siempre inevitable pensar en ti. Su esbelta y reluciente figura plasmada en aquella nube hecha lienzo apoyada sobre el oscuro e inocuo cielo, engrandecía mi corto anhelo de tu presencia.

Como ya lo había anticipado, anhelaría noche a noche compartir el mismo suspiro, a tu lado cien por cien, observando y admirando en la misma medida tan bella pieza de arte creada por obra y fina gracia de la inmensa naturaleza.

Noche tras noche, figura y forma diferentes, cada una tan reluciente, única e incomparable. Noche a noche pensándote, noche a noche extrañándote.

De repente imagino el reflejo de tan inmenso y hermoso satélite en el azul profundo de tus bellos ojos, un suspiro se hace deseo, un deseo que aguarda a la realidad.

Cortos, dinámicos e imperceptibles latidos produce mi insensato corazón; qué si está bien lo que hago, qué si debería escribir esto que escribo, que si extrañarte a plenitud es tan solo una necesidad del alma. Sea lo que sea, sucede, es real y con seguridad no pretendo darle marcha atrás.

Se dice al final de cuentas lo que se siente y qué más da si tiene o no sentido, se sigue caminando firme, con la vista al frente y sin más miedo a caer.

Leo RG

miércoles, 12 de junio de 2019

GOTA A GOTA

 Y apenas ayer creí que por fin arribaba el verano, pero dicho pensamiento no se lo puede uno permitir uno en una ciudad y como Bogotá y menos en estos tiempos donde gracias a la mano desgraciada de los humanos a través de la historia, el cambio climático prospera y a su vez no tiene pies ni cabeza. 

 El semáforo ya a cambiando una docena de veces y yo aguardo, colmado de paciencia a que la lluvia tal vez, cese. 

Gota a gota el asfalto humedece su superficie y poco a poco en sus orillas se forman pequeños charcos, charcos que quizá más adelante se cruzarán en mi camino y su agua mezclada con aquello que allí puedo estar se hará ruta directa a mí piernas, las llantas de la bici y la parte baja de su figura.

Paraguas de todos los tamaños, de todos los colores y a diferentes alturas desfilan a través de la debes inanimada que poco a poco pierde sus tonalidades blancas debido al roce incesante de los neumáticos de los autos. 

Automóviles, motocicletas, ciclistas y transporte público convergen a lo largo y ancho de los cuatro carriles; algunas hacia el oriente otros tantos hacia el occidente forman a su vez una paleta de colores metálicos llevando consigo una basta cantidad de esa especie que se hace llamar, raza humana.

 Al otro extremo de la acera dos intrépidos jóvenes en sus bicis de un solo piñón se detienen ante la luz roja, a pesar de la lluvia y sin nada que les proteja de ella, se ven directo a los ojos, se dan un pequeño beso y reanudan su tal vez idílico viaje.
Estoy por pensar que no debí salir, aún después de ver directo al cielo y admirar con recelo sus nubes grises y  estando por eso 99% seguro de que se desataría la lluvia. Lluvia que de momento no tiene intención alguna de detenerse, lluvia que  se roba el protagonismo acertado en medio de la ciudad de la furia.

Leo RG

sábado, 8 de junio de 2019

PREMONICIÓN


Siendo las 5 de la tarde, me despediré de los colegas, iré allí, tras la puerta de cristal, me cambiaré de camiseta y tomaré a la negrita para así emprender la huida. Cruzaré después el famoso parque de la 93 y me dejaré llevar por cada pedalazo hacia la algunas veces intransitable carrera 15.

Creo que de nuevo perderé mi mirada en el horizonte y sin importar el clima admiraré el caos, de seguro haré equilibrio como casi siempre en el semáforo de siempre, voltearé a ver el semáforo peatonal y resistiendo sin poner un pie sobre el asfalto al ver su luz en rojo continuaré mi marcha.

Posteriormente, algunos cientos de metros más adelante sortearé los huecos plasmados en el asfalto producidos por el deterioro y el pasar de los años y en menos de nada estaré cruzando la caótica intersección bajo el puente de la 100 y será allí donde después de mucho tiempo desviaré mi ruta en un día poco habitual y tal como ocurría años atrás en mi vida de universitaria me dirigiré directo hacia aquel centro comercial donde la vida me enseño infinidad de cosas en medio de la crema y nata de la ciudad y donde se gestó también gran parte de tan linda historia de amor escrita ahora en la minuta de este espíritu alocado y excéntrico por naturaleza.

Ya en aquel lugar, dejaré la bici en aquel estacionamiento diseñado para ella y recordaré sin duda cuantas veces tuve que esperar por un lugar libre y donde también muchas veces llegué totalmente empapado gracias a la interminable lluvia.

De seguro cruzaré luego aquel túnel que da acceso directo al gigantesco establecimiento, me detendré en la banca donde al llegar un poco temprano me detenía a disfrutar de una amena lectura y en la misma donde algún día compartiste conmigo el dictamen médico que algún día recibiste en aquella época donde la enfermedad no te quería dejar en paz hasta que este loco apareció en tu vida.
Acto seguido recorreré los pasillos del lugar, haré un una viaje al mapa de la memoria y jugaré con la ubicación de muchos de los locales comerciales, incluyendo aquella pequeña caseta llena de regalitos particulares y donde siempre una joven se encontraba envolviendo alguno de ellos para salir directo de allí para luego sorprender a algún homenajeado.

Un par de minutos después veré al reloj y apuraré el paso para no demorarme tanto y en cuestión de otro par de minutos llegaré a aquella librería donde gracias a la vida terminé por enamorarme de la literatura de una forma irreverente, forma que me cambio la visión del mundo que me rodea. Allí iré en búsqueda de esos amigos y compañeros fugaces que quizá continúan allí laborando bajo el yugo del sistema laboral. De seguro será imposible no recordar aquella noche en la que apareciste en la puerta del lugar deslumbrando con tu belleza y llevando alrededor de tu cuello aquella bufanda color rojo que me encantaba, como tampoco aquellas noches en las que simulando ser una clienta caminabas cerca de mí mientras yo organizaba aquel habitual desorden en las estanterías llenas de libros.

Al rato me iré de allí, bajaré las escalas y veré directo en busca de aquel cómodo sofá donde tomábamos asiento para compartir al final de la jornada aquellas deliciosas cenas que preparabas para mí. Me dirigiré luego al gran supermercado, compraré una cerveza y un par de panes francés, enseñaré la factura al señor de seguridad, saldré del lugar y me sentaré en aquella banca de madera donde estuvimos aquella noche sentados. Recordaré sin duda alguna cada palabra y sentiré correr por las fibras de mi piel aquel impulso nervioso que sentí al oír aquella propuesta que tanto deseé escuchar sin saber que desde ese momento mi vida daría un giro considerable y me atrevería a decir que la tuya también.

Finalmente depositaré la lata vacía en el lugar indicado, iré en busca del otro amor de mi vida, descenderé por esa rampa, saldré en busca de la 127 pero no sin antes detenerme frente a la entrada principal del centro comercial para fijar mi mirada directamente hacia la acera occidental y recordar así aquellas noches en las que comprábamos esa deliciosa arepa mixta para compartir y ya luego esperar aquel bus azul en el que tu tomabas tu camino y yo luego el mío, o en aquellas noches de fortuna en el que te aventurabas a tomar el bus en mi dirección o esas en las que me atrevía a dejar a mi bici en aquel parqueadero para irme a soñar despierto bajo la calidez de tu abrazo.

Leo RG.   

jueves, 6 de junio de 2019

TERRÍCOLAS



El otro día mientras sostenía a Tinto en mis piernas recordaba a la hermosa de Mía allí al otro lado del charco. Y de repente me ponía a pensar en la astucia y en la capacidad tan grande con la que cuentan los animales para percibir emociones de una forma increíble. Saben reconocer rápidamente si estás triste o feliz, si eres de confianza a no. En general pueden percibir tu estado de ánimo y tus intenciones hábilmente.

De repente surgía la pregunta sobre si en verdad somos tan diferentes de ellos, de los animales, si en verdad somos una raza superior o de si en realidad la única diferencia de por medio es nuestro lenguaje oral al momento de comunicarnos y/o las estupideces que a diario cometemos para gobernar por encima de las demás especies e incluso por encima de la nuestra. Espesísimo le llaman los expertos en la materia, yo le llamaría “idionancia” el amargo resultado de la idiotez y la de uno de nuestros más grandes enemigos, la ignorancia.

Y es que mirándolo bien, en algunas cosas, no somos para nada diferentes. Generalmente hablando, somos animales y respondemos a nuestros instintos. Buenos o malos, afinados o no, ellos nos llevan a cometer actos que podrían llamarse naturales, pero que en algunas ocasiones nos ubican en lugares y terrenos que nunca pensamos transitar y de cierta forma terminan por revelar ante el espejo del alma cosas de las que quizá nunca estaríamos orgullosos.

Celos, amores, alegrías, pasiones, odios y demás componen el ramillete de eso que nosotros conocemos como sentimientos; sentimientos que a la larga solo terminan siendo la viva representación y la basta respuesta consecutiva a nuestros instintos.

Ahora, quisiera exponer con neutralidad un pequeño ejemplo comparativo sin el interés de herir susceptibilidades o de amargar corazones embotellados en capsulas de alta moral.
No tengo idea si en alguna ocasión han oído nombrar al escarabajo hércules o si lo han visto robando pantalla por ahí en alguno de esos canales fantásticos de animales. Pero la verdad eso es lo que menos importa. Lo que verdaderamente quiero que sepan acerca de esta especie es algo sobre su ritual en búsqueda de su pareja. Imagínense pues, que el macho en temporada del famoso apareamiento se encamina en la búsqueda de la hembra, la más hermosa de todas, la adecuada para convertirse en su pareja, es entonces cuando él, creyéndose el más macho de los machos comienza a trepar por un árbol gigante, en cuya cima se encuentra ansiosa la princesa protagonista de esta historia. Pero obviamente este viaje no solo se trata de trepar el árbol; ya que a lo largo del mismo se encuentran más machos que ya han emprendido el mismo viaje. Es entonces cuando nuestro amigo debe sacar a relucir sus dotes de guerrero para así enfrentar a aquel que se interponga en su camino y terminar al final de la jornada por convertirse en el mejor de todos y finalmente llegar a la cima donde aguarda la posible afortunada. Pero, ¿Qué creyeron? ¿Qué derrotar a sus oponentes y alcanzar la cima era todo? Pues no señores, ahí están un tanto equivocados, puesto que es la dama de las alturas quien tiene la última palabra y es ella quien decide si le da la oportunidad a nuestro hércules o si simplemente de un sopetón lo envía directo al suelo con la decepción a flor de armadura. 

Ahora me encantaría preguntarles mis queridos amigos ¿Notan algo de diferencia entre lo anteriormente escrito y el actuar diario de nosotros los seres humanos en busca de nuestra “pareja ideal”? ¿Cuántos de nosotros, humanoides no hemos ido por ahí derrocando a nuestros pares para lograr la atención de alguien quien quizá al final ni la hora nos dará? ¿Cuántos hemos abusado del factor vanidad para destacar dejando encapsulado aquello que verdaderamente importa? ¿Cuántos de nosotros hemos librados batallas en pro de la conquista anhelada? Muchos o pocos, eso la verdad no importa. Porque cuando se trata de responder a nuestros instintos inconscientemente terminamos por anular códigos de ética y de moral y vamos directo en busca de eso que anhelamos. Cuadrúpedos, bípedos, hablantes, racionales o irracionales, al final de cuentas, terrícolas.

Leo RG.



miércoles, 3 de abril de 2019

INCONSISTENCIAS


Y aquí vamos una vez más, escribiendo para liberar, escribiendo para celebrar, escribiendo para sobrevivir; dice el autor.

¿Me creerías si te digo que algún día nos volveremos a encontrar e intentaremos por medio de un suspiro alcanzar la luz de las estrellas? Le dice él a su eterna enamorada y amor de su desdichada vida.

Aquí viendo por la ventana opaca y oculta tras las rejas color rojo, me atrevo a decir y por consiguiente a asegurar, de que solo falta un millón y unas cuantas más primaveras para que te deje de querer, un millón de siglos más pasarán y de seguro la seguiré adorando. Se repetía el autor así mismo en medio del frío caluroso y somnoliento.

Lágrimas de uno de los chicos le recuerdan lo susceptible que puede llegar a ser, de esos que lloran a veces por cualquier cosa insignificante. Como una Magdalena ha llegado a llorar para ciertas penas intentar olvidar.

Fotos, música en la radio, lugares recorridos por Macondo, caminatas bajo la lluvia; todas y cada una memorias de eso bello que pudo trascender.

Se queda pensativo detenido por un semáforo en rojo, acaba de recordar que se aproxima la nueva temporada de GOT y que ella de seguro no estará allí y mucho menos tendrá la intención de verla junto a él. Luz verde, pedal adelante, noche fría, continua la ruta.
No seas idiota se dice frente al espejo. Déjala en paz, le replica algo en su mente.

Se pregunta sobre si estaría bien tan solo escribir para felicitar y saludar, pero los antecedentes le recuerdan que es una perversa idea y se anima con la idea de que tal vez ella será quien escriba; un par de meses, un año, nadie lo sabe, pero tal vez sucederá.
Sonríe, ella está bien y estará mejor; se dice a si mismo mientras cierra esta sarta de ideas llenas de inconsistencia.


Leo RG

sábado, 23 de marzo de 2019

PALABRAS


Antes de empezar a plasmar estas letras el autor quiere dejar bien en claro que no el siguiente texto aparte de quizá llegar a tocar fondo o herir susceptibilidades, puede también a su vez llegar a expresar un sentimiento abrazado por algo de melancolía.

Ahora sí, entremos pues en detalles; empezaremos por decir que se ha descubierto que la palabra hablada tiene un poder increíble y más cuando la combinas con esos sentimientos que tienes guardados muy dentro, entre pecho y espalda, entre mente y corazón.  Se preguntarán el porqué de dicha afirmación; a continuación un breve relato.

Pasado el mediodía del día miércoles me encontraba alistando mi maleta para dirigirme al aeropuerto y allí tomar el vuelo que me llevaría directo aquella ciudad mejor conocida como la puerta de oro de Colombia, lugar donde tendría una nueva oportunidad para incrementar mis conocimiento relacionados con el apasionante mundo de la enseñanza del idioma alemán. 

Allí, en el aeropuerto, debía encontrarme con una colega y abordar en su compañía. Al encontrarme con ella y ya ubicados en la aeronave, por casualidades de la vida surgió en medio de la conversación el nombre de aquella mujer, la dueña de los ojos más hermosos que los míos han visto, ella la chica de los lizos de oro y los abrazos maravillosos. Creo que mis labios pronunciaron su nombre con tanto entusiasmo y cariño más de un par de veces en el recorrido de una hora. A decir verdad, poder decir su nombre de forma natural le da un alivio grande a mi corazón.

Posteriormente, pero esta vez a bordo de un taxi en la ciudad destino, camino al hotel, reviso mi teléfono celular y de repente una imagen en uno de los chats, allí el título y un pequeño fragmento de uno de los textos escritos por ella, quien sería el amor de mi vida. Mis pupilas entraron en shock, mi corazón se detuvo por un segundo y mi mente viajo en el tiempo de manera instantánea. Y es que aquel escrito, aparte de ser de su autoría, fue escrito en alemán y fue uno de los primeros que con algo de esfuerzo pude comprender en dicho idioma; entonces ya se podrán imaginar mi estado en aquel preciso momento de remembranza.

Continuando con este breve relato, pero esta vez desde el cuarto de hotel, curioseaba la única red social a la que de vez en cuando le dedico algunos minutos, cuando de repente, allí estaba ella de nuevo, después de un par de meses podía de nuevo ver su bello rostro aunque fuera en una foto. Debo confesar que fue algo bello, y aparte de serlo, debo confesar también que desde entonces ya voy perdiendo la cuenta de la cantidad de veces en las que ha visto la misma foto.

Acto seguido, un breve cruce de un par de oraciones escritas en medio de un chat; conversación que como muchas solo tuvo principio, pero que esta vez no ilusionaba mi pedazo de corazón, sino que más bien le daba un poco de tranquilidad al tener por lo menos una pequeña señal de ella.

Ahora bien y llegando a un fin algo tosco de este texto, espero poder haber aclarado el porqué de la afirmación relacionada con la palabra hablada, ahora le doy de nuevo la oportunidad a la palabra escrita para que quizá llegue ante sus ojos y le cuente de manera humilde quizá algo relacionado con más de lo mismo o quizá un poco de algo que sus ojos quieran leer; enigma que quizá algún día llegara a un punto final o que tal vez no. Bueno o malo, seguiré dándole vida a cada palabra que se me cruce en el camino universal y que a su vez desee ser plasmada y compartida con la señorita de los ojos color esperanza, por y hoy por el lapso que la vida lo permita.

Leo RG