Y es que la verdad
esperé a que llegara el fin de semana para escribirle que le extraño, que le
pienso bastante y que estoy que me bailo un merengue, una salsa y una bachata
con ella en cualquier lugar del mundo.
Extrañar sigue
convirtiéndose en todo un arte; arte en el que me he vuelto todo un experto y
en el que he aprendido a ser una persona en cierta medida más fuerte, más
racional y un poco menos vulnerable a mis sentimientos.
Hace un par de días,
bajo el efecto de un par de cervezas estuve totalmente tentado a escribirle y a
decirle que sí, que me hace una falta inmensa. Terminé, por el contrario,
conteniéndome de una forma increíble. Ni yo mismo me creía esa manera tan
prudente de actuar. Pensé entonces en eso que dicen de que los borrachos y los
niños siempre dicen la verdad. Pensé en si de verdad estaba borracho, pensé que
sin importar si lo estaba o no, al día siguiente me levantaría con el mismo
sentimiento entre pecho y espalda. Algo en verdad, real.
¿Qué tan difícil
podría volverle a ver, sentir parte de su ser cerca del mío, invitarle a un
café, compartir con ella una arepa con queso y simplemente intentar volver a
deslumbrarme con su bella mirada? Creo
en mis adentros de que eso sería una cosa de locos, una maravilla, algo que
anhelo muy dentro de mí. Pero, ¿Qué se pasara por medio de esa cabeza cubierta
por sus auténticos cabellos color oro? ¿Coincidiremos en algo en medio de toda
esta incertidumbre, en medio de este alocado mundo? Una respuesta deseada
rondando mi mente, una boca dulce al otro lado quizá temerosa a pronunciar
palabra comprometedora.
Últimamente entre mis
sueños me veo cruzando el continente, llegando a aquella ciudad donde ella vive
y de repente allí en la acera al otro lado del edifico, yo sentado, aguardando
su salida o quizá su llegada. Dicen que los sueños son interpretación de
anhelos, miedos, de eso que deseas con muchas ganas. En esta ocasión tal parece
ser la mezcla exacta de cada uno de estos en proporciones iguales enfocadas en
un solo punto, ella.
Esperaría a que no me
odiara por cada palabra que ha leído a lo largo de este texto. Pero las cosas
como son, y pues cada acción conlleva a una reacción, pero también está el
hecho de que el mundo gira de forma vertiginosa, los tiempos se agotan y no
puedes esperar a que una luz se te ilumine en medio de los ojos para decir y/o
hacer aquello que consideramos correcto. De vez en cuanto hay que lanzarse al
ruedo, no procrastinar ni siquiera con lo que se lleva en el costal de los
sentimientos. Si se tiene que perder, pues que se pierda, pero que el mañana no
se convierta en un día para arrepentirse por aquello que rondo nuestra cabeza y
que nunca salió de allí.
Leo RG