Y en una hortensia el reflejo de sus bellos ojos baja la luz
de un sol radiante.
Un sol que se prepara para recibir con mirada profunda la
majestuosidad hecha luna.
De manera que se hace inevitable ver ese azul-violeta y no
pensar en ella,
Ella quien no pasa desapercibida ante la quietud inexacta de
mis pensamientos.
Ya el corazón mío no
guarda esperanzas, ni ataja ilusiones;
Él tan solo se limita a ser él, yo me limito a escucharle,
Porque aunque él pueda respirar impulsos colmados de locura,
Muy adentro de su ser la sabiduría viaja en un suspiro hacía
el exterior.
En la ciudad de la furia, el viento pesado y el gris
enardecido,
Naturalmente muchas esquinas aun cuentan historias de tus
pasos, de los míos.
Ya no es triste recordar, ya no es triste extrañar,
Porque simplemente y llanamente fui feliz aun sin saberlo.
Ahora la noche cae y los cuatro párrafos se cierran,
Tal vez sin nada concreto al escrito, pero con el alma liberando
al pensamiento;
Quizá lleguen estos irreflexos versos ante sus pupilas, quizá no.
Cierto es que estarán aquí, casi pretendiendo la eternidad.
Le......... Le.............