Y es que la vida en el campo es de las cosas más
maravillosas que podemos experimentar.
La mayoría del tiempo aprendes a vivir con lo
realmente básico.
Te levantas temprano en la mañana, la paz y la
tranquilidad es algo sensacional; escuchas el canto de algunas aves posadas en
las copas de los arboles o de aquellas que simplemente van de paso. También,
completando esa bella sinfonía, tenemos a las vacas que braman, los perros que
laten, los gatos que aúllan y las gallinas que cacareando de manera particular
anuncian la llegada de un nuevo huevo.
Algo que si no pude faltar es la buena alimentación.
Son seis las comidas diarias y muchos los estómagos satisfechos. Arepas,
changua, tamales, toda la tradición gastronómica y la exquisita sazón de la
abuela y de la tía Liliana se roban el show.
Por otro lado las inclemencias del clima nos azotan de
forma terrible, las temperaturas promedio han aumentado de forma despiadada, la
escasez de agua es grande y el calor no tiene escrúpulos. Todo esto es preocupante pero no motivo
suficiente para que las sonrisas de los abuelos se oculten.
La mayoría de los días he despertado temprano para así
poder disfrutar de los primeros rayos del sol en compañía de un gran libro del
maestro Galeano, de un sabroso jugo de naranja. Ya un par de horas más tarde
pude también disfrutar de la transmisión de la famosa “Volta a Catalunya”, competencia
ciclística que terminó hoy y que ha ganado el fabuloso Nairo Quintana.
No te niego que las típicas tensiones en familia también
se presentaron, y esta vez a causa, primero de la delincuencia de nuestro país
y por otro lado a la falta de educación de algunos de los menores de la
familia, quienes ya han olvidado el arte de brindar un saludo y sabes cómo
detesto eso.
Tampoco faltó mi costumbre de enfermar los últimos
días de estadía, pero como siempre, he luchado por mejorar y salir triunfante.
La felicidad de papá es incomparable, ya eran más de
22 años que no pasaba semana de pascua en su tierra natal y el hecho de pasear
en su motocicleta por estas calles ha sido muy lindo para él y por supuesto también
para mí ya que lo he acompañado a cumplir uno de sus sueños.
El campo de igual forma se mantiene, la esencia de la
finca vive y resiste ante la inconsciencia del ser humano y allí atrás de la
montaña el ambiente definitivamente mejora nuestras conciencias.
Desearía con todas las fuerzas de mi alma y de mi corazón
que estuvieras aquí y que vivieras esta experiencia conmigo, sé que en el fondo
la disfrutarías mucho, pero mucho más lo disfrutaría yo, porque como dice papá “no
cualquiera se gana el derecho de ser invitado a estas tierras” y tú la mujer a
quien amo ya se ha ganado ese derecho hace rato.
Mi más lindo amor te envío hasta tierras vietnamitas y
mis más sinceros sentimientos para lo más profundo de tu corazón.
Le.Le...