Hola. ¿Estás ahí?
La verdad no lo sé, pero lo que sí sé es que estás presente en la terquedad y la tranquilidad de mi mente, aquella mente que transita por el bello y dulce recuerdo de tu sonrisa.
Pensarte se ha convertido en un ritual bonito de mi día a día. Lo disfruto en verdad y solo basta con cerrar un par de segundos para traer a colación cada único, sencillo y hermoso momento que pude vivir a tu lado; cada uno de ellos un verdadero privilegio para mi humilde vida.
Ya ni siquiera espero nada de nada, ni de nadie. No sé qué pasa por tu cabeza, si día a día más me olvidas y eres libre de este amor que terminó por sofocarte. No sé si también me piensas y tampoco tienes porque hacerlo o llegar a sentir algo similar a lo que yo siento. Tu vida es solo tuya y tus sentimientos tienen la potestad de ser lo que tu cabeza y tu corazón dictan.
Ya no me limito a la conformidad de lo que fue, tampoco a dejar retraídos cada parte de mis sentimientos, vivo una vida nueva cada día, cada minutos trato de llevarlo al epílogo de una forma satisfactoria que camine por la ruta de la anhelada felicidad.
Y ahora que nombró la felicidad he llegado a pensar en el hecho de que quizá no la experimentaste a mi lado y simplemente la confundiste con la alegría momentánea de cada experiencia vivida dentro de lo que ha sido para mí una relación hermosa e inolvidable llena más de cosas positivas que negativas.
Quiero que quede claro que siempre serás aquella leona que llevó su rugido directo a lo profundo de este corazón si remedio, un corazón que lleva a cuestas un ser inconcluso, un ser que lucha por ser su mejor versión y que aunque tarde se dio cuenta de los cientos de errores cometidos, sonríe con lealtad, da amor sin condiciones y se da a conocer tal y como es desde el primer momento.
Los mejores deseos para ti directo desde lo más profundo del alma mía.
Le. Le.