Y un día estás ahí,
tirado en la cama y como de costumbre viendo al techo; solo, meditabundo,
pensando en lo que pudo pero que no fue, en lo que fue pero que salió mal, en
las metidas de pata que algún día cometiste, en los momentos de alegría
infinita que algún día experimentaste. Y así cada segundo se va volando.
Una cosa es cierta,
para ninguna situación hay marcha atrás. Lo hecho, hecho está. ¿Hay acaso
tiempo para el arrepentimiento? Tal vez, pero el efecto, positivo o negativo ya
está hecho, ya está tatuado en el alma y el corazón, propios y de los demás. Y por
más que pueda haber perdón o algo similar, la vaina es algo irreversible,
imborrable.
¿No les pasa que de
vez en cuando se preguntan por qué terminaron hiriendo los sentimientos de
aquellas personas que en algún momento de la vida amaron tanto, hasta el punto
de haberlos considerado el “amor de la vida”? Aquellos instantes arrunchados en
algún sofá o cama del mundo haciendo planes para un futuro que de seguro en
muchas ocasiones no sería más que una falacia universal. Disque contemplando la
posibilidad de tener hijos, una mascota, una huerta en el patio trasero de una
casa propia, viajar por el mundo o darle la vuelta a un país en bicicleta.
Hay momentos en los
que la camino y la vida es nada más que color rosa, el sol brilla a plenitud,
caricias, sonrisas y besos, vienen y van de manera desbordada. Uno y dos,
terminan por convertirse en una sola piel sin la necesidad de dejar de ser uno
y dos. Que cosa más placentera es despertarse al lado de la persona que suspira
cuando te ve, de esa persona que sin importar como te encuentras, ilumina tu
vida con una mirada profunda, con una sonrisa sincera e intachable.
Por el contrario, que
vaina tan dramática y drástica termina por convertirse a veces la vida, cuando
entregamos cada fibra del cuerpo y cada gota de ese sentimiento llamado amor a
una relación. Y esa relación empieza a desmoronarse poco a poco por un abismo profundo
sin escape, asfixiante, lleno de oscuridad y lágrimas cargadas de dolor.
Crees que el mundo a
tu alrededor se derrumba, que ya la vida pierde sentido, que sin él o ella ya
no podrás seguir pa´ delante. Se te mete en la cabeza la estúpida idea de que
ya nadie te amará tanto como esa persona lo hizo y hasta planeas bloquear toda
la esencia que te compone como ser humano para no volver a amar, porque
simplemente crees que no has nacido para eso, que si te vuelves a enamorar,
volverás a sufrir y demás pendejadas.
Llegas por
consiguiente a sentirte condicionado para actuar ante la vida y disfrutar de su
misterio, crees que enamorarse de nuevo es la peor decisión que se puede tomar
y hasta piensas en convertirte en lo que no eres para evitar ser vulnerado o
hasta llegas a flagelarte tan fuerte que te convences de que eres una mala
persona y que solo sirves para hacer triste a los demás y que solo causas
problemas.
Pero dejémonos de
vainas y aceptemos una cosa. El ser humano aparte de estar compuesto en su
mayoría por agua, también está compuesto de puro sentimiento. Nacimos para amar
y sentirnos amados, estamos hechos de carne y hueso y cada una de esas fibras
que también nos componen vibran al unísono cuando alguien “nos mueve el piso”. Unos
eternamente racionales, otros sentimentales al extremo; sea como sea, somos únicos
e irrepetibles y si no compaginamos con alguien en una totalidad y las cosas
dejan de fluir porque definitivamente no te soportan más y terminan admirándote
solo cuando estás dormido en la tranquilidad de una cama. No te inquietes,
acepta el movimiento universal, no vayas contracorriente, respira profundo y confía
en que alguien más tarde o temprano lidiara con gusto con tus demonios, de
repente por cualquier calle, de cualquier ciudad, te tomará de la mano y se
recostará en tu hombro, te robará uno que otro beso en el momento en el que
menos se te ocurra y se robara tu atención hasta quizá volverte loco una vez
más.
Solo cabe recordar
que no debemos cambiar por nadie, ni nada; que si cometes errores graves,
intenta aprender de ellos, reconócelos y asegúrate de no volver a cometerlos. No
viajes al futuro sin antes haber vivido al máximo ese presente que te rodea. Di
lo que sientes, expresa lo que llevas por dentro y si quieres darte un paseo
por el pasado, que sea nada más para darle un saludo a los bellos recuerdos sin
la necesidad de aferrarte a ellos.
La vida en este
pequeño universo es solo una, nunca se detiene porque el show debe continuar. Así
que no queda de otra que amar aunque quizá no sea el merecimiento de muchos. Recordar
que todo acto tiene reciprocidad y de que tarde que temprano los malos actos,
no tienen consecuencias llenas de rosas; no somos quien para juzgar, que de eso
se encargue la vida en sí.
Leo R.