miércoles, 26 de julio de 2017

¡ Y QUÉ VIAJE!

I

Y un cielo color naranja acompañaba una despedida más. La noche ya pedía permiso para su aparición mientras yo abordaba aquel bus color cielo camino a la loma.

Esta vez no hubo espacio para lágrimas de tristeza, esta vez el espíritu se iba recargado de mucho ímpetu y energía. Los viejos y la pulga se quedaron tranquilos y felices por la visita fugaz y eso sí que tranquiliza el alma.

Ya en el camino miles de árboles daban un espectáculo maravilloso, el camino se vestía del verde de cada uno de ellos y ciertas pizcas de amarillo a causa de algunas palmas que decoraban también el paisaje.

Los kilómetros avanzaban y esta vez como en las anteriores, mientras veía por la ventana fue inevitable pensar en las más hermosa de las princesas de carne y hueso. Y esta vez llevaba conmigo la nueva esperanza de que te vería de nuevo. La explicación por sentir tal felicidad no me la preguntes a mí, pregúntasela al corazón cuando lo tengas cerquita.

Y con la risa de bobo como decimos aquí en la patria, risa de un enamorado que se siente en el cielo con solo imaginarte a su lado; continuaba así el viaje. Un viaje más bien tranquilo a pesar del sobrecupo del autobús, un viaje cargado de mucha fortaleza y esperanza, factores totalmente importantes para seguir en la lucha sin ese famoso miedo a caer.


Poco a poco la noche se fue apoderando del camino y del día en general. El sol fue eclipsado por la bella luna y la sombra de cada árbol, iluminada por la luz fugaz de los autos corriendo por la autopista.

Ya después de una hora larga el recorrido se iba acabando y con las estrellas en su sinfonía eterna en el cielo profundo ya llegábamos a nuestro primer destino, "la ciudad musical" supo acoger la primera parada en este nuevo viaje.

Pasaron 15 minutos del descenso y con boleto en mano con destino Medellín solo restaba centrarse a esperar un par de minutos.


II

Así las cosas, y con algo de retraso se inició la segunda parte del trazado. Personajes algo excéntricos ocupaban el segundo piso de la flota. Y como era de esperarse el famoso "hablado paisa" se tomó todo el ambiente.

Sombreros, poncho y hasta aguardiente conformaron el decorado del viaje. Gritos de aquí para allá. Qué locura era encontrarse en ese lugar y como un flashback regresé a esa parte de mi infancia cuando el destino eran las fiestas hace años en el pueblo donde los abuelos.

Ya en la ruta, me despojé de los zapatos y con la cobija de León en medio de las piernas me concentré en mi objetivo de conciliar el sueño, cosa totalmente difícil, algo así como una misión imposible.

Los gritos continuaban y esta vez los parlantes del autobús a un volumen descomunal mientras se reproducía una película se encargaron de perturbar mis oídos y hacer doler mi cabeza; de manera que tuve que posponer mi objetivo por algo más de una hora.

Ya en la espera, tomé unos cortos minutos para dejarle un bonito mensaje de voz a la mujer que amo. Después viendo a la ventana y a medida que corría el tiempo los ojitos se me cerraban y así llegaba el sueño para fortuna mía.

Posteriormente cuando las cosas salían bien, la película terminó y yo lograba quedarme dormido de repente empezó el bus a detenerse en cada bendito pueblo que se cruzaba en el camino. No te alcanzas a imaginar la incómoda situación en la que cada 45 minutos o 1 hora se encendían completamente las luces de todo el piso y se subía el señor conductor gritando cada lugar al que íbamos llegando.

Fue así como la noche se disolvió entre sueños cortos y gritos. Llegó la madrugada y antes de las 5am entrábamos a nuestra destinación final, las luces de la ciudad aún iluminaban cada rincón, las personas poco a poco despertaron, el flujo vehicular aumentaba, el Metro ya realizaba sus primeros viajes y la entrada al terminal se aproximaba más y más.

Entonces, después de más de 9 horas de viaje, que descendimos sanos y salvos en la terminal de transportes al norte de "Medallo" y con la bienvenida inolvidable de 5 palomas color blanco profundo y el morral a la espalda ya solo faltarían 5 minutos en Metro y 10 caminado para finalmente llegar a la humilde casa allí en Prado centro.

Le.Le...

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