sábado, 1 de julio de 2017
TARDE DE LUNES FESTIVO
Ya cansado de tanto dar vueltas en la cama y de caer rendido ante las garras de la señorita pereza, decidió sin preámbulos ponerse de pie, cambiar su ropa por algo más deportivo, alistar una pequeña mochila con implementos de seguridad y su infaltable agenda de escritura.
El plan inicial se trataba de ir a su punto del río preferido, aquel que por estar distante del pueblo generalmente se encontraba solo. Allí la idea era gozar de los sonidos maravillosos que otorga el río y las melodías relax cortesía de los pájaros invisibles multicolor. Y de paso poder componer un par de líneas que tal vez dieran a luz a un dulce poema o a una pequeña y no tan afamada historia.
Entrado ya en la decisión, tome la bici azul celeste, mochila al hombro y botella cargada de agua; y arranque mi ruta.
Salir del pueblo fue rápido y en tan solo 5 minutos ya me encontraba en la carretera destapada, esa que conduce hacia una vereda llamada Cuatro esquinas, la misma que nos conduce a la finca donde vive Jose.
Ya después de recorrer cerca de 3 kilómetros tomé el desvío que te lleva a la montaña, a aquella casa en la que mi madre llegó a este mundo, allí donde el aire es tan puro como la mirada de un bebe que abre sus ojos por primera vez.
Por este camino la carretera se hace un poco más angosto y el olor a naturaleza más profundo.
Para llegar a la famosa batea se necesitan de 15 a 20 minutos de buen pedal. Así las cosas entre "subes y bajas" y después de pasar otra batea ( allí donde van las familias para hacer sancocho); el carril se hace más estrecho y a tan solo 5 minutos ya se encontraba el destino final, pero con tan mala fortuna que en ese momento también había gente allí. ( que mal suerte pensé). Y fue en ese preciso instante en el que un impulso fugaz le dio fuerza a mis piernas y me decidí a seguir pedaleando firme hacia la cima.
De ahí en adelante la dificultad se puso algo así como al 200%, el gradiente de la subida marcaba algo así como 20 o 25%. Una subida de esas que pone tu corazón a mil y reta a tu alma de una forma increíble. Pedal tras pedal la inclinación era superior, la respiración se dificultaba en cierta medida pero las piernas junto con el corazón pedían más y más.
Era tan increíble que la bicicleta quiso ponerse de pie como lo hacen los caballos salvajes al momento de relinchar. La vista se hacía maravillosa; era una combinación excelsa entre el sol que comienza a descender, las nubes de tonalidad rojiza y las otras grises y negras anunciando una lluvia que se hacía inminente.
Minutos después y ya casi saludando a la raíz de la montaña, llegó el punto en el que las piernas no dieron un giro más y la cadencia se detuvo poco a poco; fue entonces donde camine un para de pasos para regular la aceleración de cuerpo y bebí un poco de agua para refrescar cada fibra.
Ya después de regular un poco decidí observar en silencio y durante algunos minutos esa belleza de espectáculo que ofrece la naturaleza, hice una selfie con papayas y por cuestiones de tiempo emprendí en descenso.
El descenso ya fue otra cosa de locos, puesto que no bastaba con oprimir ambos frenos ya que debido a la inclinación tan pronunciada la bici y el peso total se Iban solos dejando en ridículo al par de frenos. Por consiguiente bajé de una manera muy controlada y con mucha calma. Ya caían algunas gotas de lluvia que llegaban a mi rostro de forma liviana gracias a la ayuda del viento.
Curva a curva la loma se terminaba y en un " abrir y cerrar de ojos" ya me encontraba llegando a la batea donde quise llegar primero. Ya en ese momento no había gente y sin más preámbulos y a pesar de la próxima oscuridad decidí aprovechar y relajarme durante algunos minutos en la frescura y dicha de un río tan hermoso.
Fueron en realidad 5 minutos de total tranquilidad en los que la mente descansa de una forma magnífica. Ya próximo a partir, decidí hacer un video cortico pero con mucho cariño dedicado a la PRINCESA MÁS LINDA DEL GLOBO, con el objetivo de compartir ese espacio tan lindo con ella.
Minutos después, de nuevo calcé mis zapatos, me puse el casco, tome la bici y de regreso a casa. Un regreso sin ninguna dificultad.
Y fue así como a un ritmo regulado y tranquilo ya estaba de regreso en casa acompañado por los últimos rayos del sol y terminaba de manera exitosa una de las tantas choco aventuras del negrito feo.
Le.Le...
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