domingo, 25 de junio de 2017

ESCALOFRÍO

Esta mañana junto con el cantar de los gallos y el de los más bellos pajaritos del vecindario, abría yo mis ojos y me preguntaba qué sería de mi si algún día despertase y ya no supiera más de ti, si tu nombre se me escapara para siempre de mis labios y decidiera tu sonrisa marcharse sin decir nada de aquel cofre de cristal localizado en aquella calle bonita de la mente, la cual se cruza con la avenida de mi corazón.


La respuesta llegó traducida en el más gigantesco de los escalofríos que puedan existir en la galaxia entera. El corazón latió a millones de pulsaciones por minuto queriendo salir corriendo a buscar refugio en cualquier planeta parecido a marte. Los huesos inmóviles pesados como rocas de plomo se incrustaban en la suavidad de un colchón a punto de estallar, cada bello del cuerpo se estremeció cobrando vida propia con un temple similar al del nailon de la caña de pescar cuando logra capturar al más fuerte de los peces en el océano.


Los labios con la curvatura invertida se sellaron sin pronunciar el más insignificante de los suspiros y los ojos como dos objetos inanimados se incrustaron en el techo queriendo penetrarlo para así buscar tal vez una mejor respuesta en las estrellas, quienes pretenciosas de irse a descansar, ya le daban la bienvenida al radiante sol.


Definitivamente, la peor sensación jamás experimentada por el alma mía. Busqué refugio en el aire puro que llegaba a la habitación por la rendija del pequeño patio, pero fue casi que imposible.


Fue en ese preciso y milimétrico instante cuando el susurro de un amor guerrero penetro mis sentidos para recordarme que estabas conmigo y que si yo estaba bien, tú también lo estarías. Me abofeteó el orgullo y no se marchó hasta que le afirmé con certeza de que lo daría todo hasta el final, hasta la última gota del aliento por recuperar la sonrisa más bella nacida en el denominado viejo continente.


Logré finalmente ponerme de pie y aunque inevitable fue derramar una lagrima profunda al encontrarme frente a frente con aquel cordón metálico, el cual sostenía imágenes de la mujer más bella y dueña de un corazón que aunque se comporta de manera indeseable pero que ama con lealtad; logré esbozar una sonrisa esperanzadora de esas que te aseguran que después de esas tormentas que parecen letales, el sol retorna y brilla eternamente.

Le.Le…

       


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