Esta mañana junto con el cantar de los gallos y el de los
más bellos pajaritos del vecindario, abría yo mis ojos y me preguntaba qué
sería de mi si algún día despertase y ya no supiera más de ti, si tu nombre se
me escapara para siempre de mis labios y decidiera tu sonrisa marcharse sin
decir nada de aquel cofre de cristal localizado en aquella calle bonita de la
mente, la cual se cruza con la avenida de mi corazón.
La respuesta llegó traducida en el más gigantesco de los escalofríos
que puedan existir en la galaxia entera. El corazón latió a millones de
pulsaciones por minuto queriendo salir corriendo a buscar refugio en cualquier
planeta parecido a marte. Los huesos inmóviles pesados como rocas de plomo se
incrustaban en la suavidad de un colchón a punto de estallar, cada bello del
cuerpo se estremeció cobrando vida propia con un temple similar al del nailon de
la caña de pescar cuando logra capturar al más fuerte de los peces en el océano.
Los labios con la curvatura invertida se sellaron sin
pronunciar el más insignificante de los suspiros y los ojos como dos objetos
inanimados se incrustaron en el techo queriendo penetrarlo para así buscar tal
vez una mejor respuesta en las estrellas, quienes pretenciosas de irse a
descansar, ya le daban la bienvenida al radiante sol.
Definitivamente, la peor sensación jamás experimentada por
el alma mía. Busqué refugio en el aire puro que llegaba a la habitación por la
rendija del pequeño patio, pero fue casi que imposible.
Fue en ese preciso y milimétrico instante cuando el susurro
de un amor guerrero penetro mis sentidos para recordarme que estabas conmigo y
que si yo estaba bien, tú también lo estarías. Me abofeteó el orgullo y no se
marchó hasta que le afirmé con certeza de que lo daría todo hasta el final,
hasta la última gota del aliento por recuperar la sonrisa más bella nacida en
el denominado viejo continente.
Logré finalmente ponerme de pie y aunque inevitable fue
derramar una lagrima profunda al encontrarme frente a frente con aquel cordón
metálico, el cual sostenía imágenes de la mujer más bella y dueña de un corazón
que aunque se comporta de manera indeseable pero que ama con lealtad; logré
esbozar una sonrisa esperanzadora de esas que te aseguran que después de esas
tormentas que parecen letales, el sol retorna y brilla eternamente.
Le.Le…
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