Yo lo siento mucho, pero es que mi corazón se quedó allí
donde tú estás. Allá en la hermosa Alemania, en la apacible Leipzig, en Tarostrasse, en las maravillosas tardes
de “Kaffee und Kuchen”. Se ha quedado este señor corazón también en cada
recorrido en bicicleta bajo algunos grados de calor o el intenso frío, en las
salidas a comer cualquier cosa, en los pasillos de la Mensa.
No he sido el mismo desde mi regreso y seguramente no lo
volveré a ser. El mismo que allá se despertaba siendo el hombre más feliz del
mundo al ver tu dulce carita a mi lado, aquel que con el mayor de los placeres
preparaba el té regularmente en la mañana.
Tal vez sea tonto o difícil de entender; tampoco quiero
justificar lo patán que he sido contigo; pero es que ha sido contigo con quien
he sentido ese amor de verdad, es que se vive con locura, ese que desearía no
tuviera fecha de vencimiento. Es por eso que esta lejanía me agobia cada día y
siento que entre libros y amigos te me distancias poquito a poco y ya hasta en
medio de algunos sueños veo como de mi lado te marchas.
Está claro también que nunca dejaré de ser aquel cursi que
por medio de textos tal vez un poco raros siempre buscará la manera de
recordarte que eres la princesa de mi alma, o aquel que pretende expresar un
momento lúcido de amor dedicando una canción. Pero es ahí en aquellos momentos
cuando la canción no llega a tus oídos y el texto no penetra en tu corazón, en
los que el sentimiento se ve abofeteado por una de esas ráfagas de viento que
viajan a miles de kilómetros por hora.
Tal vez solo soy de aquellos que no ven el 99% de lo bueno y
se fijan nada más en el 1% de lo malo, tal vez no nací pa´ semilla en la
historia del amor, tal vez se me pone la cabeza cuesta arriba cuando creo que
tu amigo planea conquistarte de nuevo o simplemente tal vez soy un maestro de
la embarrada que lo que hace con las manos lo borra con los pies. ¿Quién lo
sabe? Solo la vida lo sabe.
Ahora bien, solo me resta recordarte cuan agradecido estoy
con la vida y el amigo destino que te trajo al país de las mariposas amarillas
para presentarte conmigo; y de paso decir también que aunque lo extraño un
montón, sé que mi señor corazón está de maravilla allá, donde tu estás.
Le.Le…
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