Y esta
mañana he despertado con un hambre voraz, dirás o pensarás que eso en mí es
algo normal, pero yo te diría que es algo más allá de lo normal.
Inmediatamente
me saboreo los labios y me dan ganas de tener al mi lado un par de envueltos hechos
de puro maíz, calienticos y deliciosos. Tal cual como aquellos que dejamos
aquel 3 de octubre abandonado en los vestidores de esa tienda de ropa en el
centro comercial.
3 de octubre, día inolvidable por allá hace tres años; pasado por buena
comida, lluvia y la mejor compañía, tú.
Es increíble
cómo se pasa el tiempo y cómo camina de rápido la vida. Esta mañana, asomado a
la venta mientras tomaba el desayuno me inquietaba por el simple hecho de
pensar en que fuiste aquel amor que nunca quise que se detuviera. Pero bueno,
como decimos en Colombia; “de nada vale
llorar sobre la leche derramada” y hay pues que intentar levantar la
cabeza, antes que dejarnos llevar por los vacíos que aniquilan en ciertos
momentos a la mente y al corazón.
Ahora, aquí
desde el colegio sentado en el escritorio a la espera de una nueva clase,
retumba en los parlantes una canción llena de sentimiento, de esas que erizan
hasta el alma y te roban mejillas fugaces llenas de amor, tristeza y anhelo.
Cuanto daría
por poderte susurrar al oído cuanto me hace falta esa sonrisa tuya, tu compañía
en el más grande de los silencios, tu abrazo tierno y tu mirada profunda llena
de azul claridad.
Le. Le.
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