¿Qué si incertidumbre? ¿Qué si nostalgia? ¿Qué si tristeza? ¿Qué si ansiedad? Tantas cosas y a la vez quizá nada. Tantas cosas representadas por un vacío inexplicable en el pecho. Tanto y más, tanto y poco.
Ya ni pasado, ni futuro y el universo sabrá si tal vez algo del presente. La verdad es solo una; y es que a decir verdad le pienso y le echo bastante de menos.
Quizá de su lado no pasa nada parecido, ¿Quién lo sabrá? Solo ella misma guardara en lo más profundo de su ser la respuesta a tal pregunta.
La noche avanza y se desvanecen con ella cientos de pensamientos. La noche se esfuma y por el escenario del recuerdo se pasean tantas escenas que fueron y que quizás no debieron ser o otras tantas que de haberlas hecho realidad hubieran hecho de esta historia algo más memorable y de por sí más bella.
Escribir se ha convertido en una vaina indispensable para este humilde ser humano; inconforme en ocasiones como muchos, pero soñador, lleno de sentimientos y que le pone corazón a tanto, como otros más.
Cada letra, cada palabra, cada párrafo, se han convertido en instrumento de expresión inagotable de todos esos sentimientos que se agolpan en la mitad del pecho y buscan de una u otra manera salir a la superficie para ser leídos. Para colarse por aquellas pupilas color mar y decirle a ese corazón que de cierto modo aquí, en la lejanía, el mío sigue latente.
Y es que siendo totalmente sinceros, no hay razón más sensata para escribir, que el hecho de saber que allí a miles de kilómetros en la distancia aún cuanto con la lectora más hermosa y fiel del mundo.
Nadie, ni nada puede describir cómo se me paraliza el mundo al saber que ella ha recorrido línea a línea cada texto que se me ocurre en este pedazo de cabeza y aquellos alrededor ni se imaginan cuánto daría por hacer un viaje majestuoso a ese ser y ver que se pasa por tan noble mente en el preciso instante en el que dicha mujer se aventura a leer algo de lo que he escrito.
Daría tanto en verdad por saber si se dilatan esas pupilas, no sólo de tristeza sino quizá también de alegría. O si ese corazón palpita tal vez algo más rápido; o si de algún modo el dorado de esos brazos termina por erizarse. O viendo del otro lado, quizá es represente algo aburrido, o algo más de lo mismo.
Pero que más da, la vida también se trata de dar pasos hacia adelante, se trata de expresar lo que se lleva por dentro. De decir cuánto se quiere, cuanto se extraña, cuanto se anhela. Nada ni nadie justifica el hecho de atragantarse con tanto sentimiento y terminar un día más en procrastinación. La cuestión va más allá, va más allá para ser capaz de aceptar que la embarre pero que no me quedaron ni tantitas de ganas de volverla a «cagar»; de que si no se pudo, al menos se intentó; de que si se ama, hacerlo saber. Porque la vida nunca se detiene, hoy estamos aquí, pero mañana ni idea y al final de cuentas vale más una sonrisa sincera provocada por la más tonta de las ocurrencias que a causa del más elaborado de los chistes.
Le.Le...
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