El ventilador en velocidad 1 soplando suavemente en mi cara
y jugando con el desastre que es mi cabello, la ventana de Netflix en pausa por
la mala calidad del internet, cosa que ya es normal y más aún en tiempo de
lluvias. Mi reflejo en el gigante y viejo televisor apagado me enseña las imperfecciones
de la postura de mi espalda.
Las fotografías enmarcadas de mi evolución educativa junto
con mi diploma universitario me ven directo a los ojos, me traen bellos
recuerdos y otros no tanto, tal vez me reclaman también por sobre lo que estoy
o debo hacer con mi vida.
Sentado en el sofá del sueño profundo, junto a los cojines
verde manzana y las telas color naranja respiro el silencio del lugar, solo un
tímido cantar de los pájaros se oye a lo lejos y se entremezcla junto con el
sonido emitido por las teclas de la computadora.
Sabía que regresar a casa sería distinto esta vez, los
bellos momentos junto a ella circulan por todas partes, en el cuarto, la sala,
la cocina, las escaleras y los ladrillos allí arriba donde nos sentábamos a
vislumbrar la noche mientras compartíamos buenos humos; cada lugar me cuenta una
bella historia, me recuerda esa bella sonrisa y el dulce de tu mirada.
Un amigo me dijo que la mejor manera de olvidar es
enfrentar, pero siendo sincero no se me ocurre tal idea; de arrojar al olvido
tan lindas cosas. Es obvio, las cosas no volverán a ser como fueron. Recibimos lo
que la vida nos tiene preparado, lo debemos afrontar y manejarlo para que no
afecte nuestro camino, se trata de eso y algo más.
Y es que fue gracias a su abrazo y compañía que aprendí a
visitar esta casa sin regresar a la
ciudad sin ninguna lágrima en mi rostro por extrañar a mamá y a papá. Sentía
que tenía al lado el mejor apoyo del mundo y que no importaba otra cosa en el
instante en que tomaba su mano, más que vivir al máximo ese momento.
Hoy me arrepiento de no haber dado más por su felicidad, por
nuestro tiempo juntos, hoy por un momento me pongo a pensar sobre como hubieran
sido las cosas si me hubiera percatado a tiempo de todo el daño que causaba con
un comportamiento tan estúpido. Hoy soy consciente de que no podemos reparar el
pasado y por un momento me dedico a pedirle al padre, al magnifico universo,
para que conspire en favor de esa sonrisa, cargada de sueños y metas por
cumplir.
Le... Le.
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