domingo, 6 de mayo de 2018

LA ESCRITURA Y YO


Es relativamente complicado sentarse frente a la pantalla del computador para enfrentar a una hoja en blanco; puedes tener cientos de ideas en la cabeza pero ninguna termina por transfigurarse en letras con sentido.

Hoy día escribo para liberar todo mi ser de tanta presión existencial que me aborda muchos días a la semana para cuestionarme sobre lo aquello que estoy haciendo en y con mi vida. 

Escribo también porque es mi mejor forma de expresar todos esos sentimientos que me invaden y que en cierta forma me llenan los ojos de lágrimas mezcladas de tristeza y alegría; escribo para que lea la mujer que me inspiro y me apoyó de forma incondicional a que lo hiciera, porque ella consideraba que de cierta forma lo hago bien.

Hoy día, después de tres años sigo escribiendo de manera regular, me cargo alguna de mis agendas en cada salida a la calle y cuando siento que es el momento, me detengo en un parque o en las escaleras de una calle cualquiera y dejo que todo alrededor se convierta en el principal personaje de lo que sea que será escrito en cada página.

A veces soy crudo y resentido con el sistema que nos ha tocado vivir; otras soy cursi, romántico, amoroso y hasta idiota. Otras, fantaseo con imposibles, les doy vida eterna a momentos que nunca querré olvidar y tristemente prometo cosas que me quedaron grande llevar a cabo.

Solía enamorar a la mujer que amo con muchos de los textos que hacía, ella solía citar algunos párrafos en sus estados personales y yo ya me sentía el mejor de los escritores, hasta me codeaba en sueños con los mejores poetas y dramaturgos. Sentía que hacia algo bien y fuera de lo común que le daba un toque mágico a nuestra relación. Hoy sigo escribiendo con la intención de ser leído por ella, y a decir verdad, no me importaría si ella es la única lectora que me pudiera quedar en la vida. Aunque ya mis textos ya no le enamoren y solo puedan representar un cliché de lo que pudo ser.

He tenido la oportunidad de ser leído por otras personas, personas cercanas de cierta forma quienes inspiraron la suficiente confianza para que yo les abriera la puerta de ese otro yo, de ese que se oculta tras cada línea que escribe. Lo bonito de esto es que les ha gustado; cosa que me alegra.

Muchas veces me han dado ganas de escribir libros, libros sobre cualquier cosa que pueda cautivar a muchas personas alrededor del mundo. Mostrarles el mundo desde otra perspectiva, una perspectiva simple pero que tenga la capacidad de trasportar al cada lector a mundos paralelos ajenos a la monotonía y el sistema, mundos en los que puedan darse un escape fugaz a la realidad y que puedan volver a ella renovados y con algo de energía extra para seguir transitándola. Algún día tengo fe de que empezaré, algún día tendré la determinación que me ha faltado en ciertas cosas de mi vida para hacerlo y ya más nunca detenerme.

Por ahora es seguro que seguiré escribiendo porque es escribiendo, que de cierta forma libero toneladas de presión que hostigan mi mente y mi alma; como también siento que puedo comunicarme con esa alma que a miles de kilómetros a la distancia lucha por sus sueños y que creo, aunque pueda estar equivocado, encuentra en lo que escribo una pequeña y momentánea ruta de escape a su día a día.

Le.Le...

  

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