Es relativamente complicado sentarse frente a la pantalla del
computador para enfrentar a una hoja en blanco; puedes tener cientos de ideas
en la cabeza pero ninguna termina por transfigurarse en letras con sentido.
Hoy día escribo para liberar todo mi ser de tanta presión existencial
que me aborda muchos días a la semana para cuestionarme sobre lo aquello que
estoy haciendo en y con mi vida.
Escribo también porque es mi mejor forma de
expresar todos esos sentimientos que me invaden y que en cierta forma me llenan
los ojos de lágrimas mezcladas de tristeza y alegría; escribo para que lea la
mujer que me inspiro y me apoyó de forma incondicional a que lo hiciera, porque
ella consideraba que de cierta forma lo hago bien.
Hoy día, después de tres años sigo escribiendo de manera
regular, me cargo alguna de mis agendas en cada salida a la calle y cuando
siento que es el momento, me detengo en un parque o en las escaleras de una
calle cualquiera y dejo que todo alrededor se convierta en el principal
personaje de lo que sea que será escrito en cada página.
A veces soy crudo y resentido con el sistema que nos ha
tocado vivir; otras soy cursi, romántico, amoroso y hasta idiota. Otras,
fantaseo con imposibles, les doy vida eterna a momentos que nunca querré
olvidar y tristemente prometo cosas que me quedaron grande llevar a cabo.
Solía enamorar a la mujer que amo con muchos de los textos
que hacía, ella solía citar algunos párrafos en sus estados personales y yo ya
me sentía el mejor de los escritores, hasta me codeaba en sueños con los
mejores poetas y dramaturgos. Sentía que hacia algo bien y fuera de lo común que
le daba un toque mágico a nuestra relación. Hoy sigo escribiendo con la intención
de ser leído por ella, y a decir verdad, no me importaría si ella es la única lectora
que me pudiera quedar en la vida. Aunque ya mis textos ya no le enamoren y solo
puedan representar un cliché de lo que pudo ser.
He tenido la oportunidad de ser leído por otras personas,
personas cercanas de cierta forma quienes inspiraron la suficiente confianza
para que yo les abriera la puerta de ese otro yo, de ese que se oculta tras
cada línea que escribe. Lo bonito de esto es que les ha gustado; cosa que me
alegra.
Muchas veces me han dado ganas de escribir libros, libros
sobre cualquier cosa que pueda cautivar a muchas personas alrededor del mundo. Mostrarles
el mundo desde otra perspectiva, una perspectiva simple pero que tenga la
capacidad de trasportar al cada lector a mundos paralelos ajenos a la monotonía
y el sistema, mundos en los que puedan darse un escape fugaz a la realidad y
que puedan volver a ella renovados y con algo de energía extra para seguir
transitándola. Algún día tengo fe de que empezaré, algún día tendré la
determinación que me ha faltado en ciertas cosas de mi vida para hacerlo y ya
más nunca detenerme.
Por ahora es seguro que seguiré escribiendo porque es escribiendo,
que de cierta forma libero toneladas de presión que hostigan mi mente y mi alma;
como también siento que puedo comunicarme con esa alma que a miles de kilómetros
a la distancia lucha por sus sueños y que creo, aunque pueda estar equivocado,
encuentra en lo que escribo una pequeña y momentánea ruta de escape a su día a
día.
Le.Le...
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