sábado, 2 de junio de 2018

DOS NOCHES ATRÁS DESDE LA TERMINAL


Y ya se vuelve hábito escribir un poco antes de emprender el viaje de regreso a la ciudad. Hoy, después de un par de años volví a salir de la casa de mis padres con los ojos inundados de lágrimas; esta vez la cosa no fue cuestión de apego, esta vez la razón fue la situación en la que se quedaban mis viejos. Por un lado la falta de trabajo de papá, hasta el punto de ya casi tener que despedir a su colaborador en el trabajo y del otro lado el estado de salud de mamá, a quien le han ordenado programar cuanto antes una cirugía relacionada con su aparato reproductor a causa de unos miomas. Cosas que en realidad me afectaron sentimentalmente durante la estadía.

Fue en verdad muy duro ver la forma en la que se esmeraron para atenderme como siempre lo hacían, pero yo era consciente de que las cosas no eran como siempre. Cada rato daba demasiada impotencia el hecho de no tener el suficiente dinero para poder decirles que no se preocuparan por nada, pero ahora la realidad es otra, pues no gano mucho dinero que digamos y lo que puedo ahorrar es destinado en pro de lo que queda en mi proyecto de vida.

De todas formas el poco dinero que pude llevar conmigo, lo invertí con gusto en ellos. Por primera vez era yo quien invitaba las salidas a tomar algo, era yo quien le compraba cosas a mamá y le gastaba un par de “polas” a papá. Por primera vez era yo quien hacia compras para compensar el mercado de la casa.

Papá me llevó a Melgar para tomar le bus camino a Ibagué; su abrazo de despedida fue como nunca, sentí que no me quería soltar, cosa que en verdad me arrugó el corazón.

Ahora son casi las 11 de la noche y después de secar muchas lágrimas me encuentro en la terminal esperando el supuesto bus que estaba programado para las 10.30pm en el cual tuve la fortuna de poder comprar el penúltimo tiquete.

De momento solo resta esperar con calma el viaje que me llevará de regreso al día a día de la normalidad, y siempre con la convicción de que las cosas se pondrán bien y de que con el favor del universo y de la vida misma, la tormenta cesará.

Le.                                                                                                              Le.

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