Taciturno y vacío, es como se siente la totalidad de mí ser
en esta mañana.
Fue complicado levantarme de la cama, solo quería dar miles
de vueltas más; de izquierda a derecha y dejar que se desvanecieran así los
minutos.
La noche anterior antes de caer en el sueño me había
prometido no ver más el celular y en especial no darle una actualización extra
a la bandeja de entrada del correo electrónico, y de esta forma no llevarme una
cara larga más hacia el fondo de mi alma.
Desperté mucho en la mañana y de súbito me palpitaba el
corazón en el preciso momento en el que aquella corta frase en su Whatsapp
calaba profunda en mis pensamientos con la intención de ser descifrada.
Aquí ando frente a esta computadora con ganas de convertirme
en jet y volar hacia aquellos brazos, pero ¿Sería acaso algo conveniente? ¿Me recibirían
de nuevo? O simplemente un silencio abismal y una mirada al suelo finiquitarían
la travesía soñada.
Hablando de sueños, anoche soñé recordando la ciudad de
Berlín y cada paso allí dado a su lado, cada sonrisa, la forma en la que ella
le habló a aquellas turistas asiáticas con el fin de generarles conciencia en
aquel tributo a los caídos. Fue un flashback tan vivido que alcancé a sentir el
roce de su mano en la piel morena de la mía.
Es una ironía de la vida ponerse triste recordando momentos
felices, pero es que tal parece que de eso se trata en gran parte la vida; en
fundamentar ironías articulándolas con la realidad.
Y aunque taciturno y vacío hoy, aún conservo equipajes del
alma repletos de lindas esperanzas para el camino que queda por recorrer,
guardo la expectativa de que el universo iluminará el cada escalón con la luz
propia de aquellas estrellas que todavía se resisten a la extinción.
El amor es infinito, el amor no busca culpables, él busca
tan solo la libertad en las pupilas del ser amado, él se encamina en el
recorrido de la felicidad en cada vida que se vive, él tiene la facultad de
permitirse una lágrima sin dispersar la alegría hercúlea del corazón.
Por ahora el león se refugia bajo la sombra del árbol de la
vida, divisa el panorama, respira profundo, medita, cierra sus felinos ojos y
se deja llevar por la penumbra de un anhelo que tal vez algún día le regrese el
brillo infinito a su mirada apasionada.
Le. Le.
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