viernes, 13 de abril de 2018

TACITURNO Y VACÍO


Taciturno y vacío, es como se siente la totalidad de mí ser en esta mañana.

Fue complicado levantarme de la cama, solo quería dar miles de vueltas más; de izquierda a derecha y dejar que se desvanecieran así los minutos.

La noche anterior antes de caer en el sueño me había prometido no ver más el celular y en especial no darle una actualización extra a la bandeja de entrada del correo electrónico, y de esta forma no llevarme una cara larga más hacia el fondo de mi alma.

Desperté mucho en la mañana y de súbito me palpitaba el corazón en el preciso momento en el que aquella corta frase en su Whatsapp calaba profunda en mis pensamientos con la intención de ser descifrada.

Aquí ando frente a esta computadora con ganas de convertirme en jet y volar hacia aquellos brazos, pero ¿Sería acaso algo conveniente? ¿Me recibirían de nuevo? O simplemente un silencio abismal y una mirada al suelo finiquitarían la travesía soñada.

Hablando de sueños, anoche soñé recordando la ciudad de Berlín y cada paso allí dado a su lado, cada sonrisa, la forma en la que ella le habló a aquellas turistas asiáticas con el fin de generarles conciencia en aquel tributo a los caídos. Fue un flashback tan vivido que alcancé a sentir el roce de su mano en la piel morena de la mía.

Es una ironía de la vida ponerse triste recordando momentos felices, pero es que tal parece que de eso se trata en gran parte la vida; en fundamentar ironías articulándolas con la realidad.

Y aunque taciturno y vacío hoy, aún conservo equipajes del alma repletos de lindas esperanzas para el camino que queda por recorrer, guardo la expectativa de que el universo iluminará el cada escalón con la luz propia de aquellas estrellas que todavía se resisten a la extinción.

El amor es infinito, el amor no busca culpables, él busca tan solo la libertad en las pupilas del ser amado, él se encamina en el recorrido de la felicidad en cada vida que se vive, él tiene la facultad de permitirse una lágrima sin dispersar la alegría hercúlea del corazón.

Por ahora el león se refugia bajo la sombra del árbol de la vida, divisa el panorama, respira profundo, medita, cierra sus felinos ojos y se deja llevar por la penumbra de un anhelo que tal vez algún día le regrese el brillo infinito a su mirada apasionada.

Le.   Le.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario