Y la claridad y sinceridad de esos ojos no deja de
cautivarme.
No importa cuántas veces los vea directamente, pues cada vez
que lo hago, puedo descubrir en aquella mirada algo nuevo; algo que sin lugar a
dudas sabe enamorarme de formas únicas, de esas que no tienen comparación.
Nunca tuve la maravillosa oportunidad de tener frente a los
míos, unos ojos tan, pero tan hermosos. Ojos que sin lugar a dudas expresan una
paciencia inagotable, una sinceridad totalmente reconfortante y su vez muy
tranquilizante.
Y es que basta tan solo con cerrar los ojos para traerlos
directamente a mi mente, directamente a mi ser. Y créeme que eso es de las
cosas más estupendas que puedo llevar a cabo tanto en mis instantes de soledad
y tristeza, como en también en aquellos de felicidad y satisfacción completa.
¿Quién iba a pensar que aquel par de circunferencias de un
color tan claro y de un alma tan pura, pudieran robarse un corazón tan necio
como el mío y llevárselos de inmediato en un viaje al infinito tan solo con un
contacto directo de esos que pueden tardar milésimas de segundo? Diría yo que
nadie lo hubiera pensado y mucho menos imaginarlo, porque simplemente este
hecho sigue sorprendiendo a mi alma y a mi corazón. Razón por la cual cada día
al despertar intento agradecerle al universo y a la madre tierra por haberme
permitido la posibilidad de tan increíble encuentro y a su vez tan inigualable
hallazgo.
Le.Le…
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