¡Ay carajo! Es increíble que hayan transcurrido ya 24 meses calendario desde el día en el que tuve la grandiosa oportunidad de haberte conocido.
La verdad para este instante quise escribir algo bien poético,
de esos textos con valiosa rima y una forma hermosa; pero después de pensarlo y
hasta meditarlo, llegué a la conclusión de escribir algo salido directamente
del alma, algo sin mucho análisis y más bien expresado de una forma sencilla
con palabras del día a día y con una pizca de humildad. Así las cosas, ¡Aquí
voy!
Empezaré por decir que aquel día en la FILBO me imaginé de
todo, menos de que tendría la oportunidad de conocer a una señorita tan hermosa
proveniente del centro de Alemania. Debo confesar que el verde manzana no hacia
parte de mis colores favoritos, pero que después de ese cruce de palabras y de
haber obtenido tu nombre de usuario en Facebook, pasó a ser una de mis
tonalidades favoritas y que para el día de hoy custodia gran parte de mis
sueños.
Luego vinieron los chats espontáneos, los momentos en los
que me pasé de intenso y creí perder la oportunidad de conocerte más y más. Puedo
recordar mi cara de tonto el día en el que me dijiste que vivías cerca al
portal 80, pues leer eso fue una luz de esperanza inmensa.
Con el pasar de los días no dejaste de dar vueltas en mi
pedazo de cabeza. Recuerdo muy bien la tortura que fue escribir muchos “hola”
sin recibir mensaje a cambio; de repente veo esa foto tuya y de los demás en el
majestuoso Machu Picchu y hay si que
se derrumbaron una a una mis esperanzas de volver a tener cerca a tan bella
mujer.
Pero así como hubo incertidumbre y tristeza, también hubo resurrección
para el alma. Aquella tarde en la que llegué de entrenar en las montañas de mi
pueblo y finalmente me respondiste un mensaje nunca, pero nunca lo podré
olvidar. Y mucho menos ahora sabiendo que fue ese día en el que se abrió la
puerta a un amor que hoy en día aun me parece irreal, maravilloso y
sencillamente hermoso.
De aquí en adelante para mí todo fue magia pura. No importó
que hablaras mal del pan que se vende en Colombia, ahora menos, porque
sencillamente te doy la razón y no hay punto de comparación con el que se hace
en Alemania pues yo también le extraño.
Oblea, charla en el “Simoncho”, caminata a la estación del “Transmi”,
visita sorpresa en el lugar de trabajo, pan y pola en las bancas del Éxito, un beso bajo la luz tenue
filtrada por la ventana del apartamento de la señora Isabel, viajes
maravillosos, visitas nocturnas, papelitos con palabras lindas, salidas a
bailar, travesías en bici, Sushi en Wok,
Cosechas, cenas en Crepes; changua, arepas, envuelto de
maduro y huevos pericos al desayuno, saltos bajo la lluvia, cientos de “arrunchis”,
maratón de GOT, caminatas en la arena
bajo el embrujo de las olas del mar y muchos pero muchos otros inolvidables y magníficos
instantes que se escapan a las teclas de este computador se encargaron de
fundar las bases de la relación más especial, amorosa y única que he podido
tener en millones de años luz.
Este texto no tendría humildad si solo escribiera sobre lo
lindo que fue y que es hoy en día tenerte a mi lado, razón por la cual quiero
también agradecer a cada discusión que tuvimos, a cada ataque de celos de mi
parte y a cada choque de orgullos que tuvo lugar en los primeros días. A decir
verdad hoy creo que fueron necesarios para aprender a amarnos y al mismo tiempo
valorar el tipo de persona que hoy por hoy tenemos a nuestro lado. Y no trato
de justificar cada una de esas acciones de las que claramente no me siento
orgulloso, solo trato de decir que fueron estas una serie de pruebas que
supieron medir el valor de cada uno de nuestros sentimientos.
Aprovecho también en estas líneas para agradecerte, primero
por la oportunidad que me brindas de poder estar a tu lado y segundo por
haberme permitido conocer tu tierra, tu gente y tu manera de vivir. Debo aceptar
que sentí algo de miedo por aquello que me dijiste alguna vez sobre eso de que
si algún día te visitaba sería solo como un amigo porque allá eras una persona
totalmente diferente. Afortunadamente pasamos esa prueba con una calificación
bien alta, tan alta que no me saco de la cabeza la idea de regresar para no
volver a alejarme miles de kilómetros de tus ojos color esperanza.
Ya para intentar llegar a una conclusión quiero resaltar la
admiración que tengo por ti, no solamente por tu belleza sino también por tu
humildad, tus bellos sentimientos, tu apoyo para conmigo, tu sonrisa al
despertar, el permiso que me das de poder darle pico a tus nalgas, la confianza
y el amor tan grande que tienes conmigo. Estoy demasiado orgulloso de cada centímetro
de tu ser, estoy también muy seguro de que puedes lograr cada meta que te
propongas y le pido a la vida de que todos los días te llene de mucha fuerza
para seguir tanto en tu lucha como en nuestra lucha.
Gracias por tanto Lena Wenig, mujer de mi alma, princesa de
mi vida y guaricha de mi corazón. Hoy más que nunca TE AMO de una forma
desmedida, sin fronteras y con toda la humildad que llevo conmigo. Me traes
loco, loco; tanto que ya estoy pensando en empezar la alcancía para la
esmeralda de la que hablamos cierto día soñando despiertos en el centro de la
capital.
No te imaginas cuanto anhelo volver a rozar tus labios con
los míos y poder llevarte de la mano por cualquier calle del universo, con el
alma te sueño, con el corazón te amo y con mi ser te respiro.
Le.Le…
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