Y es que definitivamente verte bailar sin ponerle tanta atención
a cada paso que ejecutabas fue una cosa muy muy linda. Y es que de eso se trata
el baile en la mayoría de los casos y en su infinidad de estilos; dejarse
llevar por el alma y no por el 1,2,3,4-5,6,7,8.
Te vi sonreír, cantar y cerrar tus ojos al mismo tiempo en
el que de los parlantes salían las extrovertidas letras y el inconfundible
ritmo de uno de tus favoritos, Seeed.
Y yo ahí, sentado en el borde de aquel sofá, admirándote,
sintiéndote totalmente feliz.
Fueron definitivamente unos valiosos minutos en los que el lugar
dejo de tener importancia, pues fue solo la música quien verdaderamente importo
y fue ella la verdadera causante de ese instante maravilloso de transformación
en el que dejaste liberar expresiones y tal vez sentimientos que solo pueden
ser producidos gracias a aquella fusión entre el alma, los sonidos y el baile.
Sencillamente me encantó, me erizo el alma y altero de
manera positiva cada uno de mis sentidos.
Quise congelar para así disfrutar y seguir admirando tan
bella imagen de tu instante de libertad y expresión de tu autentico ser.
En el algún momento hubiese querido unirme a tu danza, pero
tal vez solo lo hubiera arruinado y hubiera sido un total sin sentido.
No sé si notaste mi admiración y mi sonrisa perpleja solo
pendientes de ti y cada uno de tus movimientos, pero lo que si sé y de lo que estoy
totalmente convencido es de que te vi gozar de una manera libre y hasta
apasionada; pasión que se metió por mis venas, pasión que supo invadir mi ser,
pasión que cree en mi pensamiento los deseos más fuertes de arrancar tus
prendas una por una para luego llevarte a saborear el elixir de un amor
candente, sensible y visceral.
Le.Le…
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