Según Platón, podemos definir el
amor como; la motivación o impulso que
nos lleva a intentar conocer y contemplar la belleza en sí, tanto en el plano
físico como en el espiritual. Una definición muy inspiradora a decir verdad,
una definición quizá exigente o suprema y no muy fácil a llevar a cabo.
Y aunque la belleza si que tiene
que ver en el plano del amor, muchas veces el ser humano en su afán por hacer
las cosas perfectas y alcanzar cierto nivel de perfección, termina por dejar de
lado la admiración de dicha belleza y le brinda más importancia a las fallas
que uno o el otro puedan tener.
Es por eso y por la simple razón
de que como no tengo esa espiritualidad y esa cualidad de filósofo admirable,
entro aquí a definirte el sentimiento de mi amor, uno amor sincero, humilde y
sin mucha decoración.
Entonces así las cosas, el amor
es:
Un culto de humildad hacia la
imperfección,
Un desayuno con agua de panela,
huevito revuelto y arepa,
Un caserito de coco en el parque
municipal,
Un “te amo” al despertar bajo la
almohada plasmado en papel para reciclar,
Arepa rellena de pollo y queso
bajo el frío y frente a Unicentro,
La sensación extrema de tomar un
bus público en hora pico,
Tu rostro de suspenso viendo un
capítulo de Game of Thrones,
Una sesión de picos y besos
apasionadas en el sofá,
Una salida en bicicleta donde
importa más tu compañía que el mismo recorrido,
Juguito natural pa´ calmar la sed
en tremendo calor,
La humildad que reflejas en casa
de mis padres y como disfrutas la comida de mamá,
Y es basado en lo anterior que
radica mi verdadera definición del amor, porque las cosas básicas y los
momentos espontáneos, sencillos pero especiales, son la verdadera base donde
podemos crear y fortalecer un amor verdadero, un sentimiento que tenga la capacidad
de salir hacia adelante con fuerza y grandes expectativas.
Le.Le...
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