Me remontaba de repente a mi infancia y recordaba aquellos momentos en el que la tía con tantas hagallas cortaba el cuello de pollos y gallinas hasta verlas desangrar y aletear en su agonía. A decir verdad, no disfrutaba para nada esa escena, pero al momento de comerlo, lo hacía con gusto y hasta pedía repetir. Para completar este flashback, recuerdo como si fuera ayer aquellos días en los que un hombre pasaba cerca a mi ventana golpeando a una vaca con un látigo, llevándola directo al matadero. El cuerpo de ese noble animal bañado en sangre y mis ojos colmados de lágrimas incontenibles. Y ni hablar del último día, cuando a mis 9 años presencié por última vez el aberrante espectáculo de una corrida de toros.
Los últimos meses he llegado a sentirme como un completo idiota al darme cuenta de que me tarde tanto en darme cuenta de esta triste realidad que no debería competer a todos, y más a mí, el que algún día quiso ser veterinario y aquel que siempre ha sido un total defensor de los animales, aquel que siempre ha amado a sus mascotas con el alma, aquel que le duele el hecho de ver cómo desaparecen nuestros bosques y fallecen nuestros ecosistemas ante el arrasante movimiento de la industria y sus tentáculos inhumanos.
Alguien algún día preguntó por la diferencia entre un cerdo o una vaca y un perro o un gato en casa. Hoy puedo decir con certeza de que no hay ninguna, pues todas estas especies gozan de una inteligencia asombroso, de una capacidad gigante de asociarse tanto con los suyos como también con los „humanos“. Y es que sí, es impresionante ver como un par de vacas pueden establecer una amistad tan bonita que no tiene nada que envidiar a la de un par de personas.
A decir verdad, varias veces somos tan ingnorantes, que hasta me da rabia conmigo mismo. El hecho de ver cómo se sé sobre-explotan nuestros océanos, se aniquilan nuestras selvas por darle vida a una industria devastadora, me enerva sobremanera. Y es ahora, aunque quizá tarde que decidí dar un paso más en pro de el aire que respiro y de la madre tierra que me rodea y que a su vez agoniza en sus arduos intentos por sobrevivir.
Hoy, más allá de haberme convertido en vegetariano por salud, decido empezar mi ruta hacia el veganismo por también por el medio ambiente, por los animales, a los cuales amo con el corazón y el alma. Hoy me parece inaudito el hecho de que en la industria, un litro de leche requiera cerca de 1,000 litros de agua para su producción. Hoy, doy un paso adelante en favor de aquellos, que aunque sin vos, parecen ser más inteligentes que nosotros mismos, hoy con convicción me encamino en una ruta ardua pero que llena de satisfacción el ser de este ser algo salido de lo común y de los corriente.
Leo RG.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario