Y la noche se viste de gala, esta vez no hay lentejuelas que
la iluminan y la hacen deslumbrar;
En esta oportunidad su mejor vestido es unicolor, pero
conserva su esencia,
Esta vez la noche se viste de gala para ser testigo
indestronable de un sentimiento que nació para quedarse, para buscar la vida
infinita.
Es esta noche la oportunidad para ratificar algo que ya se
siente en el alma como propia, que perdura en el corazón y late con él al unísono.
Hoy quiero declararme libre del limbo oscuro y amargo, de la
desesperanza y de los episodios crueles de existencialismo.
Hoy quiero atarme a esa frase que dicta “que vamos a
encontrar un camino”, porque la vida aunque difícil, injusta y certera está
llena de millones de caminos; caminos que a su vez nos demuestran de que
siempre hay una salida, una solución, una esperanza.
Así las cosas quiero dejar bien claro que amo demasiado a la
mujer del otro lado de la pantalla, ella quien inspira cada palabra plasmada
entrada tras entrada, mujer divina, princesa incomparable, mi fuente infinita
de valentía.
Y es que solo basta con cerrar los ojos en esta noche cálida
para traerla junto a mí y robarla por un buen rato al viejo continente. Todo en
un robo magnifico y fuera de toda regla, un robo en la que la puedo ver directo
a los ojos para decirle que quisiera ver junto a ella todos atardeceres
posibles desde todos los rincones del universo porque definitivamente no hay
mejor manera para darle la bienvenida a la inmensa noche que sentir su respiración
a milímetros de distancia bajo la placidez de un mágico abrazo.
Le. Le…
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