Y para que negar que el día anterior el único regalo que más
quería era tal vez escuchar nuevamente su voz, ese inconfundible y hermoso tono
que me transporta a la quietud de una forma indescriptible.
Ojalá y existiera algo parecido a la tele-transportación y
de tal forma haber podido viajar esos miles de kilómetros en tan solo segundos para
verle de lejos o de cerca; para permitirle a la adrenalina adueñarse de todos
mis sentidos hasta llevarme al éxtasis indescriptible de la satisfacción, para
sentir la alegría de volver a apreciar esa figura de mujer única que me
encanta.
Lamentablemente no existe tal método para viajar en segundos
y por ahora lo más parecido a eso es cerrar los ojos y visitar los más bellos
de mis memorias para ver así admira la belleza que solo refleja su mirada.
Ahora no puedo ser mal agradecido y debo confesar que estuve
esperando por días aquel primero de agosto con la única intensión y esperanza
de ver un mensaje suyo en la pantalla de mi teléfono, mensaje que sabía que
llegaría, mensaje que me robó una sonrisa, mensaje que por su sencillez sabré
apreciar por siempre.
No siendo más cierro este pequeño y espero que bien
apreciado texto confesando por último que comer sushi no es lo mismo sin su compañía.
Le.
Le…
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