La verdad
es que no existe momento en el que su bella mirada se refleje en el follaje sus
pensamientos. Aquellas dos pupilas cargadas de tan bello color, aquellas que al
mirarlas directo y sin parpadear, lograron siempre apaciguar las inconsistencias
de su ser.
A cada
instante en el que nace este deseo de escribir todo aquello que se cruza por su
cabeza; a pesar de sentirse aún un poco condicionado por el hecho de poder
herir susceptibilidades, siente que en verdad el alma y el corazón se dan con
gusto un suspiro de libertad. Suspiro que puede pasar de durar un segundo a un
par de horas o que de repente puede desaparecer en apenas una milésima de
segundo, desvaneciéndose así entre sus manos, como gota de agua bajo un sol
abrazador.
Ahora mismo
es viernes y se encuentra en la ruta número 5, camino hacia el campestre y es
de cierta forma un poco inevitable no acordarse de aquellas carreras muy
temprano en la mañana desde Suba hasta aquel puente de guadua para que la princesa
no perdiera la suya tres años atrás. ¿Se acordará ella de que hasta bajo la
lluvia tuvieron que esperar? Loco, aburrido, lindo o quizá tonto; ¿quién sabrá?
Pero como bien ella le conoce, esos momentos representan para él, lindos
recuerdos de un pasado que tal vez en el olvido se va consumiendo pero que de
repente y sin previo aviso laten con fuerza en cada fibra de aquel ser.
Deberían encontrarse
algún día en medio de tanta incertidumbre y tomar un pasaje directo a la luna,
para así hacer realidad aquel café que se quedó en tan solo una propuesta
inconclusa. De esta manera, podrían sin más, hablar de tanto y más y al mismo
tiempo fundirse en un abrazo magistral lleno de armonía y tal vez pasión, o
simplemente verse directo a los ojos y descubrir así aquello que en verdad
reflejan los espejos de cada una de sus almas.
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