Y es increíble como reincidimos en la rueda del orgullo, en
el juego del silencio mutuo, del esperar a que el otro escriba y así se
evaporan una a una las horas tanto allá como acá.
En la mañana fantaseábamos con la idea del volver a vernos
para sonreír. Y minutos después ya solo se esfumó la idea de un “te amo” y se
transformó en las líneas de un “bueno”.
Ahora el viento sopla de sur a norte, de oriente a
occidente; él mismo se traza una ruta de remolino para danzar bajo la silueta
de una noche más en la ciudad eternamente primaveral.
Las luces gradualmente encendidas, se transforman en
peatones que gobiernan cada rincón de la montaña echa cemento.
Los automóviles, grandes y chicos, públicos y privados
marchan al compás de la luz verde.
Los insectos, amos de su noche susurran al oído de los
árboles.
Yo por mi parte no logro dejar de pensar en otra cosa más,
que en la profundidad de tus ojos color esperanza, esperanza que me brinda un
respiro de tranquilidad y que me ilumina aquí, bajo estas nubes grises.
Le.Le…
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