domingo, 14 de mayo de 2017

HACE UN MES


Y fue hace un mes que llegó el día que no tenía la gana de que llegara. Era el momento de regresar a la patria de origen, cuando en realidad mi nueva e inigualable patria se había establecido allí al lado de tu almohada en el centro de tu alma, en lo profundo de tu corazón, junto a la pequeña Mary.

Las únicas ganas que en realidad tenía eran las de deshacer la maleta, tomarte de la mano y llevarte conmigo a tomar un café eterno y un trozo de pastel con la dulzura intensa de tus labios llenos de éxtasis.

El camino hacia el aeropuerto fue fatal, miles de cosas transcurrían por mi cabeza, todo quería, menos dejarte allí, sin abrazos, sin picos, sin sonrisa de buenos días sin arepa al desayuno, sin compartir ciclo vía camino a la universidad.

La verdad es que quería gritar a los cuatro vientos cuanto te amaba, cuanto quería tenerte a mi lado para poder sentirme fuerte, confortable, invencible, único e inmortal.

Aquel chocolate caliente antes de partir solo pudo representar un sabor amargo, los minutos ya se evaporaban demasiado rápido. Y es que estaba al lado de dos mujeres maravillosas, dos mujeres que supieron robarse mi corazón.  ¿Con que ganas querría yo irme de allí? Vuelvo y lo digo, con ninguna.

Ya pronto llegó el momento del “adiós”, que cosa más terrible. Es en ese preciso instante donde tu mente viaja a millones de kilómetros por hora, buscando tal vez una fortaleza que quizá es imposible, aquella fortaleza que le cierre el cerrojo al portón de las lágrimas para que se queden rezagadas. Es también en ese preciso instante en el que solo quieres que el abrazo nunca termine y que el beso se haga inagotable.

La vista se nubla, el corazón se inunda de tristeza; y cuando recuperas algo de fuerza ya estás del otro lado y no hay marcha atrás. Tienes que enfrentarlo pero está vez solo, sin la mano de tu amada para que camine contigo.

De ahí en adelante solo resta armarse de mucho valor, sacar pecho y enfrentar al viento.
La laguna de lágrimas fue inquebrantable y más aún en aquel momento en el que pude leer tan bellas palabras que brotaron de aquel sobre color rosa y en el preciso momento en el que pude admirar la locura y belleza de tan bella dama en aquella tirilla fotográfica.

Finalmente el vuelo llegó a su fin pero el sabor de tus besos cargados de amor aún no se va, lo llevo en mí a cada paso, noche y día, tormenta y sol.

Es ahora, cuando después de un mes me encuentro aquí sentado en el corredor de casa, acompañado por esas gotas de lluvia que se resiste a partir; no te saco de mi mente, te llevo presente en cada despertar y te deseo en cuerpo y alma en cada anochecer. Quiero que la posibilidad de un “para siempre” no muera y que pueda trascender cada día con más esperanza.
Puede que hace un mes que no suspiro aferrado entre tus brazos, pero quiero que tengas bien presente que en cada suspiro de tu ausencia la soledad me susurra al oído “ve hacia adelante, lúchala, ámala y aun despierto, no la dejes de soñar”.

Le.Le…


  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario