Y el estado
de inactividad consume de maneras quizás inexplicables,
El aire
circula, pero sientes que te hace falta,
Los pájaros
al unísono casi perfecto no logran atraer tu atención.
La radio
aniquila tus sentidos y agudiza la forma en la que extrañas a quien amas tanto,
No importa
la sintonía, pues cada canción, cada tonada y cada letra te recuerda que si no
sientes su piel a tu lado simplemente te desvaneces.
Las palabras
de papá y mamá alientan tu ser, pero esta vez ya no es suficiente, ya no te
sientes su bebé, porque te gobiernan las ganas de volar contra todo pronóstico
con el pequeño alivio que su apoyo será siempre tan grande como ese amor
incondicional que ellos te tienen desde el mes primero.
El síndrome
de inseguridad se encarga de atacar cada vez que le viene en gana y aunque no
puede derrumbar la convicción, si se convierte en cartero de esa incertidumbre
descomunal que lanza pintadas de hielo directas al corazón.
Debería
estar de lo más feliz, pero a quien mentirle si soy un dramático sentimental,
quien se aflige con solo ver el deceso de una nube con forma nube y quien una
vez reconoció en aquellos ojos claros y cabello rubio el amor para siempre, ya
no quisiera alejarse un segundo de su lado.
Pero esas
son las inclemencias de la vida, una vida que te juzga sin tregua y te da,
bueno o malo, aquello que te mereces.
Y con el
rayo del sol opaco tras las nubes que deja la lluvia y en las proximidades de
su puesta, te dejo estás palabras que como siempre salen de todo el ser y
aunque carecen de la belleza que quizá más te gusta, son el reflejo de un
sentimiento que me invade en este momento del cual guardo la esperanza poder
combatir.
Le.Le…
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