miércoles, 5 de octubre de 2016

VISCERAL

Y el estado de inactividad consume de maneras quizás inexplicables,
El aire circula, pero sientes que te hace falta,
Los pájaros al unísono casi perfecto no logran atraer tu atención.

La radio aniquila tus sentidos y agudiza la forma en la que extrañas a quien amas tanto,
No importa la sintonía, pues cada canción, cada tonada y cada letra te recuerda que si no sientes su piel a tu lado simplemente te desvaneces.

Las palabras de papá y mamá alientan tu ser, pero esta vez ya no es suficiente, ya no te sientes su bebé, porque te gobiernan las ganas de volar contra todo pronóstico con el pequeño alivio que su apoyo será siempre tan grande como ese amor incondicional que ellos te tienen desde el mes primero.

El síndrome de inseguridad se encarga de atacar cada vez que le viene en gana y aunque no puede derrumbar la convicción, si se convierte en cartero de esa incertidumbre descomunal que lanza pintadas de hielo directas al corazón.

Debería estar de lo más feliz, pero a quien mentirle si soy un dramático sentimental, quien se aflige con solo ver el deceso de una nube con forma nube y quien una vez reconoció en aquellos ojos claros y cabello rubio el amor para siempre, ya no quisiera alejarse un segundo de su lado.

Pero esas son las inclemencias de la vida, una vida que te juzga sin tregua y te da, bueno o malo, aquello que te mereces.

Y con el rayo del sol opaco tras las nubes que deja la lluvia y en las proximidades de su puesta, te dejo estás palabras que como siempre salen de todo el ser y aunque carecen de la belleza que quizá más te gusta, son el reflejo de un sentimiento que me invade en este momento del cual guardo la esperanza poder combatir.

Le.Le…

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