La sonrisa al despertar y las palabras que en un pequeño
trozo de papel aguardan bajo la almohada para ser leídas.
Las batallas de cosquillas que junto a mi has aprendido a
disputar y al mismo tiempo salir victoriosa de cada una de ellas.
Las «polas» y medias de ron que nos acompañan aquellas
salidas de rumba, sonrisas y en algunos casos de reconciliación.
Esas madrugadas en las que junto a Macka y la negrita
emprendemos marcha hacia las afueras de la ciudad y pedal tras pedal recargamos
nuestro sistema de energía y vibraciones positivas.
Las caminatas en el páramo junto a las suegra y Quiubo, las
noches de arrunchis a casi 4000 m.s.n.m y las comidas típicas al lado del fuego
vivo.
Las arepas rellenas de carne, pollo y queso bajo la
sombrilla ambulante del «primo» y ese par de cafés compartidos allá mientras
observamos la pluralidad la séptima.
Cositas, cosas y cosotas que están intactas en mente, cuerpo
y alma; las mismas que atestiguan la belleza y la humildad de esta, nuestra
relación, una relación que demuestra que cuando hay amor del bueno, de ese que
sabe disfrutar pues nada es más importante que tener a tu lado la pareja
imperfecta pero ideal.
Le.Le...
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